
¿Llegó en el peor momento para Bolivia la guerra de Medio Oriente?
Sí. Bolivia ya enfrenta fragilidad en dólares, alta dependencia de la importación de carburantes y presión fiscal. Un shock externo como este agrava todos esos desequilibrios.
El país atraviesa una escasez de divisas que limita su capacidad para pagar importaciones. Si el petróleo sube por la guerra, Bolivia necesitará aún más dólares, lo que intensificará la presión cambiaria.
Además, el Estado mantiene una importante subvención a los combustibles. Con precios internacionales más elevados, el costo fiscal se dispara, amplía el déficit y reduce el margen para otras políticas.
Finalmente, la economía ya mostraba señales de desaceleración y vulnerabilidad. Este shock externo eleva costos, genera inflación e incertidumbre, y dificulta cualquier intento de recuperación.
Bolivia venía exhibiendo señales incipientes de estabilización, pero aún con vulnerabilidades estructurales:
• Reservas internacionales líquidas bajas (383 millones de dólares). • Escasez de divisas (dólar volátil e iliquidez en el sistema financiero). • Alta dependencia de importaciones de diésel y gasolina (9 de cada 10 litros de diésel se compran en el exterior). • Gasto público elevado e ineficiente (12 años consecutivos de déficit fiscal; el de 2025 cercano al 12 % del PIB).
En ese contexto, un shock externo como el conflicto en Medio Oriente:
• Rompe las expectativas de mejora económica. • Introduce incertidumbre global y regional. • Presiona variables clave: precio del petróleo, tipo de cambio, inflación y otras.
Conclusión técnica: No es que la economía estuviera “sana”, sino que se encontraba en un proceso frágil de ajuste. Por eso, un shock externo sí puede agravar la situación.
2. ¿Cómo afectaría a Bolivia la guerra en Medio Oriente?
Sí, indirectamente, pero de forma relevante. Aunque Bolivia no comercia directamente con esa región, el impacto llega a través del mercado global del petróleo.
El Medio Oriente concentra gran parte de la oferta mundial (países de la OPEP). Cualquier conflicto reduce o pone en riesgo esa oferta, eleva el precio internacional del crudo y genera posible recesión e inflación global.
Canales de transmisión hacia Bolivia:
a) Precio del petróleo: Si sube el barril (WTI), aumenta el costo de importación de crudo, diésel, gasolina y derivados (aceites, lubricantes, etc.).
b) Subvención fiscal: Bolivia subvenciona parcialmente los carburantes. Un precio internacional más alto implica mayor gasto estatal y mayor déficit público.
c) Dólares: Importaciones más caras generan mayor demanda de divisas y presión sobre el tipo de cambio, especialmente el paralelo. Esto agrava el desequilibrio cambiario y la iliquidez.
d) Inflación: Combustibles más caros encarecen transporte, alimentos y producción. Las cadenas de valor se elevan a nivel internacional y se replican en Bolivia.
e) Transporte y logística: Un diésel caro impacta en el transporte pesado, la agroindustria y la distribución de alimentos. Los costos locales suben y la inflación se acelera.
f) Sector productivo (agro, industria, minería): Mayores costos de energía y transporte reducen competitividad, comprimen márgenes y pueden provocar desaceleración o recesión.
g) Clima de inversión e incertidumbre: Los conflictos globales generan miedo en los mercados (como la caída de las bolsas). Esto se traduce en menor inversión y mayor cautela de empresarios locales y extranjeros.
En síntesis: Aunque la guerra esté lejos, el impacto económico sí llega vía precios internacionales, porque vivimos en una economía globalizada. Bolivia, como país subdesarrollado y tomador de precios, importa al menos el 70 % de lo que consume.
3. ¿A qué podría apelar Bolivia para amortiguar el impacto?
Se requiere una combinación de medidas de corto y mediano plazo:
Corto plazo (gestión de crisis) a) Coberturas petroleras (hedging), como hace México, para asegurar precios futuros. b) Optimizar subvenciones: reducir contrabando y mejorar focalización. c) Gestión de divisas: priorizar importaciones críticas (carburantes, alimentos y otras esenciales).
Mediano plazo (estructural) • Aumentar producción de gas y líquidos. • Nueva ley de inversiones y de hidrocarburos. • Reactivar exploración hidrocarburífera. • Transición energética: biocombustibles, electricidad, energías renovables. • Reducir dependencia del diésel importado mediante mayor producción local y refinerías.
Idea clave: Bolivia no puede controlar la guerra, pero sí puede reducir su vulnerabilidad externa.
4. ¿Cómo evitar la escalada de precios del combustible?
Hay que ser claros: evitar completamente la subida es casi imposible, pero sí se puede contener.
Herramientas disponibles:
- Subvención (lo que ya hace Bolivia) Actualmente se eliminó parcialmente. Para mantener o bajar los precios internos se necesitaría volver a un esquema de subvenciones total o parcial. Sin embargo, es fiscalmente costoso y se vuelve insostenible si el petróleo sube mucho.
- Ajuste gradual (política sensible) Subir precios de forma controlada para evitar un shock brusco. Requiere respaldo político y social.
- Control del contrabando Aunque se redujo tras la eliminación parcial de la subvención, podría reactivarse. Reducirlo equivale a “ahorrar” en subvención.
- Diversificación energética Etanol, biodiesel, gas natural vehicular (GNV), energía hidroeléctrica, eólica y otras.
- Eficiencia logística Mejorar almacenamiento y distribución para reducir costos internos.
Conclusión técnica: Si el petróleo sube fuerte, el Estado enfrenta una disyuntiva: sostener el subsidio (más déficit) o ajustar precios (costo social). No hay solución perfecta, solo una gestión inteligente del equilibrio.
5. ¿Dentro de cuánto tiempo la guerra afectará a la economía boliviana?
El impacto no es inmediato en todos los frentes; se transmite por etapas.
1. Corto plazo (1 a 4 semanas) Impacto inmediato en precios internacionales: sube el petróleo y el costo de compra de combustibles. En el país: aún no suben los precios internos, pero el Estado ya paga más por importar. Clave: el golpe comienza en las finanzas públicas, no en el bolsillo del ciudadano.
2. Corto-mediano plazo (1 a 3 meses) Impacto fiscal y cambiario: se encarece la factura de importación, aumenta el gasto en subvenciones, crece el déficit fiscal y la demanda de dólares. Presión sobre el tipo de cambio paralelo. Clave: aparece la tensión macroeconómica (fiscal y monetaria).
3. Mediano plazo (3 a 6 meses) Impacto en precios internos e inflación. Dependiendo de las decisiones del Gobierno:
- Escenario A (mantener subsidio): no suben combustibles directamente, pero aumenta el déficit y se deteriora la economía.
- Escenario B (ajuste parcial): suben combustibles y se trasladan costos a transporte, alimentos y servicios → inflación generalizada.
4. Mediano-largo plazo (6 a 12 meses) Impacto en actividad económica: mayores costos para empresas, menor consumo por pérdida de poder adquisitivo, desaceleración y riesgo de recesión leve si el shock es fuerte y prolongado.
Conclusión técnica: Bolivia no siente el impacto de golpe en precios, pero sí rápidamente en sus cuentas fiscales y en los dólares. Si el problema persiste, el efecto llega al ciudadano vía inflación y menor actividad económica.
Cierre general El conflicto en Medio Oriente es un típico shock externo negativo para economías importadoras de petróleo como Bolivia. Lo decisivo no es solo el evento, sino la debilidad interna previa: baja producción de hidrocarburos, alta dependencia de importaciones y fragilidad en divisas.
Por eso, más que la guerra en sí, el verdadero problema es la falta de resiliencia estructural de la economía boliviana.
La guerra sí golpea a Bolivia: no de forma directa, pero sí por el lado del petróleo, los combustibles, los dólares y los precios. Llega en un momento delicado, cuando el país ya arrastra debilidad fiscal, escasez de divisas y alta dependencia de carburantes importados.
Bolivia debe actuar con prudencia y rapidez: cuidar los dólares, asegurar el abastecimiento de carburantes y reducir gastos innecesarios. Al mismo tiempo, necesita avanzar en soluciones de fondo: aumentar la producción hidrocarburífera propia, frenar el contrabando y depender menos del petróleo importado.
La propuesta del Banco Central de Bolivia (BCB) de vender oro para obtener dólares es riesgosa y solo parcialmente viable. Puede servir para ganar tiempo, pero no es sostenible como salida principal mientras persistan la baja generación neta de divisas, la fuerte dependencia de importación de combustibles y la demanda reprimida de moneda extranjera en los bancos. En la práctica, significaría cambiar un activo estratégico de respaldo por liquidez temporal: ayuda unas semanas o meses, pero no recompone la confianza por sí sola.
Es una medida riesgosa no porque el oro sea “malo”, sino porque el problema de fondo de Bolivia no es solo de liquidez puntual, sino de escasez estructural de dólares. Al 6 de marzo de 2026, según datos del BCB, las Reservas Internacionales Netas alcanzaban 4.192,5 millones de dólares, de los cuales apenas 383,2 millones (9 %) eran divisas líquidas y 3.737,6 millones (89 %) eran oro. El respaldo en moneda dura sigue siendo muy bajo frente a la demanda potencial.
Además, el propio BCB solo habría devuelto alrededor de 48 millones de dólares a los ahorristas, una fracción mínima (2 %) del faltante en el sistema financiero. Vender oro puede dar oxígeno temporal, pero no resuelve la causa del ahogo. El objetivo es claro: usar el oro como fuente de liquidez cambiaria.
Aspectos positivos y negativos
Positivos: • Aumenta liquidez inmediata en dólares sin nueva deuda ni desembolsos externos. • Reduce momentáneamente la presión sobre el tipo de cambio paralelo y mejora la capacidad del BCB para atender pagos o retiros. • Convierte un activo menos líquido en uno más líquido, optimizando la operación de corto plazo (como permite la Ley 1503).
Negativos: • Debilita el principal activo externo de respaldo del país, ya que hoy el grueso de las reservas está en oro. • Puede generar una señal delicada: si el mercado percibe que se “quema” oro para sostener el tipo de cambio sin corregir el desequilibrio fiscal, comercial y energético, aumentará la desconfianza, bajará el riesgo país y presionará al alza el dólar paralelo. • Crea el riesgo de una solución transitoria: entra dólar una vez, pero la demanda continúa todos los días. Sin reformas de fondo, el problema reaparece.
En definitiva, esta propuesta del BCB muestra que se están buscando “parches” de corto plazo en lugar de soluciones estructurales que cambiarían todo el “neumático”. El desequilibrio cambiario y la baja liquidez en dólares no son solo un problema monetario, sino principalmente de origen fiscal: gasto público excesivo que generó más de una década de déficit, combinado con la caída de la economía primaria exportadora, sobre todo la hidrocarburífera.
Por lo tanto, para solucionar esto de manera efectiva y sostenible hay que apuntar a: a) Un programa integral de ingreso de divisas (exportaciones, inversiones y otros). b) Un ajuste fiscal y energético gradual pero creíble (reducir la sangría de divisas asociada a combustibles importados y al déficit público). c) Un mecanismo transparente de normalización cambiaria que recupere la confianza en el sistema financiero y cumpla lo prometido.
Para flexibilizar el dólar y devolver los ahorros en moneda extranjera se necesitan, al menos, más de 5.000 millones de dólares.
Luis Fernando Romero Torrejón es un economista tarijeño.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.









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