
La deuda pública es un instrumento clave para que un Estado financie inversiones, cubra déficits y enfrente emergencias. Sin embargo, deja de ser saludable cuando su crecimiento supera la capacidad de la economía para generar ingresos fiscales y divisas suficientes para atender su servicio.
En el primer semestre de 2026, Bolivia vivió un escenario macroeconómico complejo: desaceleración económica, alta inflación, escasez de divisas, caída de exportaciones, déficit fiscal persistente, reducción de las Reservas Internacionales Netas (RIN) y restricciones cambiarias. En este contexto, el comportamiento de la deuda externa pública revela tanto las necesidades de financiamiento del Estado como la percepción de riesgo del país.
Al cierre de junio de 2026, el saldo de la deuda externa pública de mediano y largo plazo alcanzó los USD 14.357,7 millones, con un aumento moderado de USD 193,4 millones (1,4%) respecto a diciembre de 2025. Se recibieron desembolsos por USD 1.217,8 millones, pero se amortizaron USD 977,4 millones de capital y se pagaron USD 307,5 millones en intereses y comisiones. El esfuerzo financiero fue significativo, evidenciando que Bolivia mantiene acceso al financiamiento internacional, aunque a costos crecientes y condiciones menos favorables.
El cambio más relevante fue el retorno a los mercados internacionales con la emisión de USD 1.000 millones en Bonos Soberanos, destinados principalmente a apoyo presupuestario. Esto elevó la participación de los títulos de deuda al 15,9% del total. Mientras la deuda multilateral (BID, CAF, Banco Mundial) sigue predominando (más del 70%), se observa un desplazamiento parcial hacia financiamiento comercial más costoso. La deuda bilateral disminuyó por amortizaciones naturales.
En cuanto a indicadores, la relación Deuda Externa/PIB subió a 26,5% (aún por debajo del 40% de referencia), pero el indicador Servicio de la Deuda/Exportaciones alcanzó 19,4%, superando el umbral del 15%. El riesgo se concentra cada vez más en la liquidez que en la solvencia.
Aspectos positivos
La fortaleza principal radica en la composición de la deuda: tres cuartas partes corresponden a organismos multilaterales que ofrecen tasas bajas, plazos largos y gracia, reduciendo presiones inmediatas y la probabilidad de crisis abruptas de refinanciamiento. Bolivia conserva así una cartera relativamente favorable frente a otros emergentes.
Además, los indicadores de solvencia permanecen dentro de parámetros internacionales, lo que indica que el país no enfrenta insolvencia estructural, sino principalmente restricciones de liquidez por menor disponibilidad de divisas y debilitamiento fiscal.
Finalmente, el acceso a nuevos financiamientos (incluidos los bonos) demuestra que Bolivia mantiene credibilidad ante acreedores, permitiendo cubrir necesidades presupuestarias y fortalecer temporalmente la liquidez, aunque a costos más altos.
Aspectos negativos
Las transferencias netas fueron nuevamente negativas (cerca de USD 67 millones), lo que implica una salida neta de divisas y reduce recursos frescos, aumentando la vulnerabilidad cambiaria.
El servicio de la deuda (alrededor de USD 1.285 millones) crece más rápido que la capacidad de generar dólares, con exportaciones afectadas por menor producción de gas, minerales y bloqueos. Esto eleva la presión sobre las reservas.
La mayor participación de deuda comercial (bonos) incrementa el riesgo futuro: tasas más altas, vencimientos concentrados y mayor exposición a variaciones del mercado y el riesgo país.
Riesgo de default
Técnicamente, no hay default inminente: Bolivia cumple sus pagos y mantiene acceso al crédito. Sin embargo, existe un riesgo creciente de deterioro en la capacidad de pago por la combinación de recesión, déficit fiscal, caída de exportaciones, inflación y escasez de divisas (RIN con solo USD 670 millones en divisas líquidas). La vulnerabilidad principal es la liquidez externa en medio de crisis fiscal, cambiaria y de crecimiento.
Medidas necesarias
- Un programa integral de consolidación fiscal: racionalizar gasto, priorizar inversión eficiente, mejorar recaudación y combatir evasión para reducir el déficit y recuperar confianza.
- Recuperar generación de divisas mediante promoción de exportaciones e inversiones en hidrocarburos, minería, litio, agroindustria, turismo y manufacturas, con mayor seguridad jurídica y normalización cambiaria.
- Fortalecer la gestión estratégica de la deuda: priorizar financiamiento concesional multilateral, refinanciar obligaciones caras y administrar activamente el portafolio para reducir costos y riesgos.
Acuerdo con el FMI
Un posible acuerdo por unos USD 5.000 millones sería razonable en lo técnico: fortalecería reservas, aliviaría presiones cambiarias y mejoraría acceso a otros multilaterales. No obstante, implicaría compromisos de ajuste fiscal, disciplina presupuestaria y reformas estructurales. No es solución definitiva, sino instrumento temporal. Su éxito dependerá de que los recursos se usen para estabilización y reformas que generen crecimiento y divisas, no solo para gasto corriente.
En síntesis, el diagnóstico del primer semestre de 2026 es mixto. Bolivia mantiene fortalezas en solvencia y composición multilateral de su deuda, pero enfrenta deterioro en liquidez externa. La prioridad no es solo más endeudamiento, sino corregir desequilibrios fiscales, recuperar capacidad exportadora, fortalecer reservas y mejorar el clima de inversión. Solo así se garantizará la sostenibilidad de la deuda en el mediano y largo plazo.
Luis Fernando Romero Torrejón es economista.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.












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