
Durante enero-agosto de 2026, América Latina y el Caribe mostraron una clara segmentación. Según el EMBI de JP Morgan, al 13 de agosto los países de mayor riesgo fueron Venezuela (6.662 pb), Argentina (470 pb) y Ecuador (432 pb). En el extremo opuesto se ubicaron Uruguay (66 pb), Chile (89 pb) y Paraguay (106 pb). Venezuela sigue siendo el caso más crítico, pese a haber bajado desde más de 12.674 pb. La región mejoró su percepción de riesgo, pero con diferencias abismales: existe una América Latina de bajo riesgo y acceso normal a capitales, y otra donde persisten fuertes primas. El EMBI confirma que no basta mirar el bloque; hay que evaluar país por país.
Bolivia ilustra esta dualidad. Su desempeño fue positivo en tendencia, pero insuficiente en nivel absoluto. Alcanzó un máximo de 688 pb y un mínimo de 325 pb; al 13 de agosto se situó en 407 pb, el cuarto mayor riesgo de la región. Es una mejora significativa frente a los 2.328 pb de septiembre de 2024, aunque sigue muy lejos de los 38 pb de marzo de 2017.
Hay señales alentadoras: la caída desde 688 a 325 pb muestra recuperación de confianza y Bolivia continúa honrando sus obligaciones. Al 31 de julio la deuda externa pública de mediano y largo plazo era de 14.238,5 millones de dólares, con 4.167,8 millones por desembolsar. Sin embargo, 407 pb sigue siendo una prima elevada. Persisten vulnerabilidades fiscales y externas: la deuda del TGN equivalía al 92,5 % de esa deuda externa. La calificación que corresponde es “mejora significativa, pero riesgo todavía alto”.
La reducción del EMBI se explica por un cambio de orientación económica, flexibilización cambiaria, expectativas de apertura y el restablecimiento del diálogo con el FMI, el BID y el Banco Mundial. En enero Fitch subió la calificación de CCC- a CCC. El acuerdo técnico con el FMI por 1.900 millones de dólares, anunciado el 29 de julio, refuerza esa señal, aunque aún requiere aprobaciones y enfrenta riesgos políticos. La tendencia es real y favorable, pero parte importante responde a expectativas. Para consolidarla se necesitan resultados verificables: menor déficit, más reservas líquidas, mayor inversión y un marco institucional creíble.
¿Por qué Bolivia tiene 407 pb y Argentina 470 pb? El EMBI mide riesgo soberano, no potencial de rentabilidad. Argentina puede ofrecer mayor atractivo y, a la vez, mayor prima. Bolivia viene de niveles críticos superiores a 2.000 pb; el mercado valora la dirección del cambio. Además, en el corto plazo las expectativas políticas pesan tanto como los datos. Los 407 pb frente a 470 pb reflejan una valoración puntual, no una superioridad estructural permanente.
Para reducir de forma sostenible el riesgo país se requieren tres políticas. Primera: consolidación fiscal creíble, con metas plurianuales y reforma de subsidios, empresas públicas y gasto corriente, para estabilizar la relación deuda/PIB. Segunda: un programa estructural de generación de divisas que incremente exportaciones e inversión en hidrocarburos, minería y agroindustria. Al 5 de agosto las reservas líquidas del BCB eran apenas 604 millones de dólares (82 % oro). Tercera: una Ley de Inversiones con reglas claras, seguridad jurídica e independencia técnica del banco central. Solo instituciones confiables convertirían las expectativas en resultados durables.
En suma, Bolivia mejoró de forma importante: de 688 pb a 407 pb. La tendencia es positiva, pero la sostenibilidad es frágil. Bajar el riesgo país es relativamente más fácil que mantenerlo bajo. La verdadera prueba será transformar expectativas en resultados estructurales.
Luis Fernando Romero Torrejón es economista.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.









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