
El precio del diésel no guarda una relación directa con el nivel del salario mínimo. La diferencia más reveladora aparece cuando se compara el costo del combustible con la capacidad de compra del trabajador.
En Canadá y Estados Unidos el diésel cuesta prácticamente lo mismo que en Bolivia: 1,73 dólares por litro frente a 1,63 dólares. Sin embargo, sus salarios mínimos estimados alcanzan 1.743 y 1.264 dólares mensuales, respectivamente, mientras Bolivia registra aproximadamente 277,31 dólares. Eso permite adquirir alrededor de 1.007,51 litros en Canadá, 730,64 en Estados Unidos y apenas 170,13 litros en Bolivia. En México, con diésel a 1,55 dólares y salario mínimo de 278,80 dólares, se pueden comprar 179,87 litros. En Sudamérica las diferencias también son notables: Chile llega a 546 dólares y 398,54 litros; Uruguay a 567 dólares y 373,03 litros; Perú a 312,10 dólares y 160,05 litros. Argentina registra 322 dólares y 270,59 litros; Brasil 254,30 dólares y 195,62 litros; y Venezuela, por su precio excepcionalmente bajo de 0,13 dólares, alcanza 1.053,85 litros. El indicador más ilustrativo no es, por tanto, cuánto cuesta el litro, sino cuántos litros puede adquirir el salario mínimo de cada país.
En Bolivia, con un precio de 1,63 dólares por litro y un salario mínimo de 3.300 bolivianos —equivalente a unos 277,31 dólares al tipo de cambio oficial de 11,90 bolivianos por dólar al 21 de enero de 2026—, el trabajador puede comprar alrededor de 170,13 litros mensuales. El contraste con Canadá es elocuente: el combustible cuesta apenas 0,10 dólares más por litro, pero el salario mínimo estimado es 1.743 dólares, aproximadamente 6,29 veces el boliviano, lo que permite adquirir 1.007,51 litros, casi seis veces más. En Estados Unidos el diésel también cuesta 1,73 dólares, mientras el salario mínimo estimado llega a 1.264 dólares, unas 4,56 veces el boliviano, con capacidad para 730,64 litros. La diferencia evidencia que el problema económico no reside únicamente en el precio nominal del combustible, sino en la relación entre ese precio y el ingreso disponible. Para un hogar boliviano, un combustible de precio similar al de economías con salarios considerablemente mayores representa una carga relativa mucho más elevada.
Si se considera el escenario de un salario mínimo que permaneciera congelado hasta 2027 y eventualmente aumentara alrededor de 20 %, hasta unos 332,77 dólares manteniendo constante la cotización utilizada, la capacidad de compra seguiría siendo sustancialmente inferior a la observada en Canadá y Estados Unidos. El incremento de aproximadamente 83 % en el precio del diésel debe entenderse como una comparación con el precio subsidiado anterior y no como una diferencia entre países: 1,63 dólares es el precio actualmente vigente (17,95 bolivianos), mientras el salario mínimo continúa en 3.300 bolivianos. Ante un aumento tan significativo del costo del combustible, el ingreso laboral necesita crecer proporcionalmente para evitar una pérdida de capacidad adquisitiva, especialmente porque el diésel incide en el transporte, la producción, la distribución y, finalmente, en los precios de numerosos bienes. Un eventual aumento salarial de 20 % no compensaría matemáticamente un incremento previo de 83 % en el precio del combustible, aunque el impacto efectivo sobre cada hogar dependerá de cuánto combustible utilice directa e indirectamente.
Por ello, la comparación debe realizarse mediante indicadores de poder adquisitivo y costo relativo, no únicamente mediante precios nominales. Además, los salarios mínimos expresados en dólares son estimaciones, porque pueden variar según la cotización utilizada, diferencias regionales, modalidades salariales, jornadas laborales y normativa específica de cada país. Las cifras presentadas deben interpretarse como referenciales y comparativas, no como una medición exacta y homogénea del ingreso de todos los trabajadores de la región.
La comparación evidencia que un diésel barato en términos nominales no necesariamente significa mayor capacidad económica para las familias. Lo determinante es cuánto representa el combustible respecto al ingreso. Bolivia presenta un precio de 1,63 dólares por litro, muy cercano a los 1,73 dólares de Canadá y Estados Unidos, pero un salario mínimo estimado de apenas 277,31 dólares frente a 1.743 y 1.264 dólares, respectivamente. Por ello, la capacidad de compra boliviana alcanza solo 170,13 litros, frente a 1.007,51 en Canadá y 730,64 en Estados Unidos. El dato muestra una brecha importante de poder adquisitivo frente al combustible. La eliminación de una subvención y el aumento del precio del diésel pueden trasladarse además hacia el transporte, la producción y los precios finales. Si los salarios crecen más lentamente que estos costos —como ocurre en Bolivia—, se produce una presión sobre el ingreso real de los hogares. Así, aunque tengamos un “diésel de mercado”, los ingresos de gran parte de las familias bolivianas siguen siendo de “tercer mundo”. El costo de la eliminación de la subvención del diésel y el alivio fiscal al gobierno puede representar no solo mayor inflación y contracción económica, sino también mayor informalidad y pobreza.
Luis Fernando Romero Torrejón es economista.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.












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