
En 2025, Bolivia registra la deuda externa más alta de su historia: un saldo aproximado de 14.131 millones de dólares, lo que representa un incremento del 204% respecto a 1996, cuando ascendía a 4.643 millones de dólares.
Este crecimiento explosivo no ha ido acompañado de una expansión económica proporcional. La deuda externa ha aumentado a un ritmo mucho más acelerado que el PIB boliviano, limitando su contribución al desarrollo productivo y al bienestar general.
La estructura de la deuda muestra una alta concentración en acreedores multilaterales —principalmente CAF, BID y Banco Mundial—, con una participación menor de bilaterales como China y Francia, y casi nula de acreedores privados. Aunque esta composición reduce el riesgo financiero inmediato (por plazos más largos y condiciones menos agresivas), genera una dependencia excesiva de pocos organismos y estrecha el margen de negociación futura.
El problema central, sin embargo, no reside solo en el nivel de la deuda externa, sino en su interacción con otros desequilibrios:
- Un déficit fiscal estructural persistente.
- Una deuda pública total que ronda el 90 % del PIB.
- Una deuda interna que supera ampliamente a la externa.
- Una expansión monetaria significativa.
Reservas internacionales reducidas y limitada generación de divisas.
Gran parte de los desembolsos externos se ha destinado a apoyo presupuestario y gasto corriente, en lugar de sectores productivos generadores de dólares. Esto debilita la capacidad futura de repago y convierte la deuda en un mero mecanismo para sostener desequilibrios macroeconómicos, elevando el riesgo de sobreendeudamiento.
1. Desempeño de la deuda externa en 2025
- Calificación general: Débil, con tendencia a frágil
- En 2025 no hay una crisis inmediata de impago, pero sí un claro deterioro en calidad, sostenibilidad y utilidad económica de la deuda.
Razones principales:
- El saldo crece más rápido que la economía real, erosionando la capacidad de repago futura.
- El servicio de la deuda absorbe crecientes recursos fiscales en medio de un déficit estructural.
- La deuda ya no financia productividad, sino gasto corriente y liquidez fiscal.
En términos simples: Bolivia sigue pagando, pero cada vez le cuesta más sin sacrificar otras prioridades del Estado.
2. Estado y estructura de la deuda externa boliviana
a) Por acreedor
- Principales: CAF, BID, Banco Mundial.
- En menor medida: China, Francia, Japón y otros bilaterales.
- Casi inexistentes: acreedores privados.
Evaluación: Estructura moderadamente adecuada, pero vulnerable.
Depender de multilaterales es positivo (condiciones flexibles, sin sanciones agresivas), pero la concentración excesiva —sobre todo en CAF, cuyo peso crecerá— reduce la capacidad de negociación y aumenta la vulnerabilidad en un contexto de recesión.
b) Por deudor
- Más del 90% corresponde al Gobierno Central (Tesoro General de la Nación: 92,2%).
- Participación muy reducida de gobiernos subnacionales y empresas públicas.
- Evaluación: Estructura negativa y riesgosa.
Todo el peso recae en el Tesoro, dependiente de impuestos, deuda interna o emisión monetaria. No hay diversificación de riesgo: si el Estado central flaquea, colapsa el sistema.
c) Coeficientes de endeudamiento (solvencia y liquidez)
Aunque los ratios formales de deuda externa/PIB parecen moderados (alrededor del 24-25%), el panorama integral es preocupante: deuda pública total ~90 % del PIB, deuda externa en aumento, reservas limitadas y exportaciones débiles.
- Indicador de solvencia: ~24,8% del PIB (dentro de límites, pero en tendencia alcista por nuevos créditos de CAF, BID y otros).
- Indicador de liquidez: ~16,% (las exportaciones no cubren suficientemente el servicio de la deuda).
- Evaluación: Solvencia y liquidez estructuralmente comprometidas.
La deuda externa sola parece “manejable”, pero el conjunto no lo es. Bolivia no genera suficientes dólares sin presión fiscal extrema. Cada año se paga con más deuda o emisión. No es insostenible por el monto, sino por la debilidad económica subyacente.
d) Por plazo
- Predomina mediano y largo plazo; pagos fuertes se concentran a partir de 2026.
- Evaluación: Adecuada en teoría, riesgosa en la práctica.
- Los plazos largos evitan asfixia inmediata, pero solo postergan el problema si no hay crecimiento.
e) Por concesionalidad
- Baja proporción de deuda altamente concesional; predomina semi-concesional o de mercado.
- Evaluación: Desfavorable.
- Mayor costo de intereses, menor capacidad de renegociación y flexibilidad ante shocks.
f) Por tasa de interés
- Predominan tasas variables, con alta exposición a tasas internacionales.
- Evaluación: Riesgo financiero elevado.
- Subidas externas encarecen el servicio sin control por parte del país.
g) Por sector económico
- Principales destinos: infraestructura, salud, apoyo presupuestario, sectores sociales.
- Evaluación: Bajo impacto productivo directo.
- Estos sectores no generan divisas ni exportaciones para repagar la deuda que los financia.
h) Por moneda
- Mayoría en dólares estadounidenses.
- Evaluación: Alta exposición cambiaria.
- Cualquier ajuste del tipo de cambio aumenta el peso real de la deuda.
3. Evaluación de los desembolsos
Concentración en CAF y BID; mayoría a apoyo presupuestario; ejecutados por entidades de limitada capacidad técnica; escasa evaluación de resultados e impactos económicos.
4. Evolución 2016-2025
Saldo en crecimiento sostenido sin respaldo productivo; desembolsos reactivos y coyunturales; servicio cada vez más pesado; transferencias netas negativas. Señal de agotamiento del modelo.
5. Saldos por desembolsar
No favorable: comprometen recursos futuros, reducen flexibilidad fiscal y aumentan riesgo implícito de sobreendeudamiento.
6. ¿Puede Bolivia asumir más deuda externa?
- Respuesta técnica: No, en el contexto actual.
- Riesgos: sobreendeudamiento, inflación (por monetización interna), presión cambiaria y pérdida de credibilidad. La combinación deuda externa + interna + emisión es altamente peligrosa.
7. Síntesis
Bolivia no enfrenta hoy una crisis de deuda externa en términos de impago, pero sí una crisis de sostenibilidad fiscal y monetaria. La deuda ya no impulsa desarrollo: solo compra tiempo.
8. Tres recomendaciones prácticas
- Endeudarse solo para generar divisas: exportaciones, energía, minería, sustitución de importaciones y sectores transables.
- Reperfilar y renegociar: más plazo, menor tasa, mayor concesionalidad.
- Disciplina fiscal real y creíble: sin ella, ninguna deuda es sostenible.
Conclusión
Bolivia no está en crisis de impago, pero sí en elevada fragilidad macroeconómica. La deuda externa, manejable a corto plazo, se vuelve insostenible a mediano y largo por bajo crecimiento, limitada generación de divisas, presión fiscal creciente y combinación con alta deuda interna y emisión monetaria.
Seguir endeudándose sin reformas estructurales profundas es una espada de doble filo: alivia tensiones momentáneas, pero agrava riesgos futuros. El problema no es endeudarse, sino para qué, cómo y en qué contexto.
Recomendación final
Transitar de un endeudamiento defensivo a uno estratégico y productivo. Condicionar todo nuevo crédito a proyectos que generen divisas, productividad y crecimiento (exportadores, energía, minería eficiente, logística, sustitución de importaciones). Al mismo tiempo: reducir el déficit con reformas fiscales estructurales, mejorar eficiencia del gasto, fortalecer disciplina monetaria y reperfilar deuda existente.
Sin crecimiento real ni reformas profundas, ninguna deuda —por concesional que sea— será sostenible.
Luis Fernando Romero Torrejón es presidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.









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