
El año pasado, con motivo de las elecciones generales, todas las candidaturas, sin excepción, se comprometieron a transformar la justicia para que sea independiente, eficiente y transparente. Hace cuatro meses asumió un nuevo Órgano Ejecutivo que dice representar el nuevo ciclo político. En el Órgano Legislativo hay seis fuerzas políticas representadas, que se supone responden a una lógica diferente y están al servicio de la comunidad. Producto de los comicios judiciales de 2024, también existe una nueva camada de autoridades en los máximos niveles del Órgano Judicial.
En enero de este año, las cúpulas de estos órganos —incluidos el Electoral y la Fiscalía General— se reunieron en una especie de cumbre por la reforma de la justicia en Sucre, la capital del país y sede del Poder Judicial. Sin embargo, todo lo que se dijo allí parece haber perdido sentido apenas concluyó el evento, dirigido por el presidente del Tribunal Supremo de Justicia. La inacción se apoderó rápidamente de los nuevos actores de los poderes públicos.
Los abusos, las extorsiones, las injusticias, las manipulaciones, la retardación de justicia, la preservación de estructuras corruptas y la persecución política no han sido erradicados. Todo lo que hemos visto en estos meses es una agudización de lo más execrable de la justicia en tiempos del populismo autoritario del MAS. ¿Qué seguridad jurídica se puede ofrecer a la sociedad y a los inversores extranjeros si la crisis judicial parece no importarle al nuevo poder constituido?
En medio de la tragedia ocurrida en El Alto por el accidente de un avión gigante que transportaba 18 toneladas de billetes nuevos, se denunció extorsión a quienes fueron aprehendidos por el hurto de papel moneda sin valor legal, con la amenaza de enviarlos con detención preventiva a tres cárceles paceñas. Por eso el número oficial de detenidos preventivos variaba de un momento a otro: 19 al inicio, 26 después y finalmente 24. Hay cientos de otros ejemplos, pero menciono solo un par más para no deprimirnos con la inacción.
En Potosí, la justicia envió a la alcaldesa de la capital a la cárcel de Cantumarca por siete días —sí, por una semana—. Una concejala corrió la misma suerte y cuatro legisladores locales fueron aprehendidos, sindicados de incumplimiento de deberes. El encarcelamiento por siete días y las aprehensiones ocurrieron a tres semanas de las elecciones regionales y dos meses del cambio de autoridades en la Villa Imperial.
Está claro que jueces, fiscales y policías se prestaron a intereses de alguien que seguramente busca asumir el Gobierno Municipal de Potosí para meterse dineros públicos en los bolsillos en tiempo récord o dejar montada una estructura de corrupción que opere posteriormente.
Y si de oprobios judiciales hablamos, en Santa Cruz un bombero forestal oriundo de Beni, que se encontraba en sesión de diálisis, fue desconectado de los equipos médicos para ser aprehendido y llevado ante la justicia, en una flagrante violación a los derechos humanos y a las garantías constitucionales de cualquier ciudadano boliviano, así esté acusado de presuntos delitos.
El bombero fue enviado con detención domiciliaria para que pudiera continuar con su tratamiento, como si fuese una concesión del cuestionado sistema. Solo el escándalo mediático ante el inhumano abuso judicial lo hizo posible.
¿Qué otras aberraciones más tienen que ocurrir para que quienes prometieron cambiar la justicia realmente lo hagan? Del poder se espera poco en estas circunstancias. En lugar de señales claras de transformación, coherentes con el nuevo ciclo, suceden hechos que desalientan a los ingenuos que creyeron en las promesas y fortalecen a los defensores de una justicia corrupta, ineficiente y sometida al poder político y económico.
En ese oscuro panorama aparece una alternativa que puede generar esperanza de tener una justicia decente, aunque requiere el apoyo de la sociedad civil organizada y de la institucionalidad estatal. El colectivo de juristas independientes —que en 2023 intentó impulsar la reforma judicial vía referéndum constitucional, pero no logró recolectar un millón y medio de firmas— se ha reorganizado para buscar lo mismo, pero por otra ruta: la acción legislativa, ahora que existe una nueva correlación de fuerzas en el Congreso.
José Antonio Rivera, uno de los integrantes del grupo, explica que el desafío consiste en proponer y luego impulsar la aprobación, sanción y promulgación de una ley que cree una comisión de notables —independientes del poder político y sin percibir sueldos del Estado por la tarea—, para encaminar la reforma judicial en un plazo acordado con la institucionalidad del país. Se llamaría Comisión Nacional para la Transformación de la Justicia.
¿Nacerá este mecanismo que busca superar la irritante inacción del poder actual? Rivera cree que sí. Los juristas independientes han iniciado encuentros con representantes de diversas instituciones en Sucre. Harán lo mismo en Santa Cruz y La Paz, para rematar con la presentación del proyecto de ley, previa solicitud de reuniones con el presidente, el vicepresidente, los presidentes de las cámaras legislativas y los presidentes de los altos tribunales del país. Será una nueva cruzada, intuye el colectivo.
El presidente del Tribunal Supremo de Justicia anunció la presentación al Legislativo de un paquete de normas relacionado con la demanda de una nueva justicia, poniendo énfasis en la implementación de un sistema informático de gestión de causas que busca convertir los cientos de miles de expedientes en legajos digitales. Ojalá no se trate de otra muestra de cosmetología política e institucional, tan frecuente en el país.
El proceso electoral regional ha ingresado a su fase final —aunque en abril habrá segundas vueltas en varios departamentos—, pero indudablemente el país estará más predispuesto a poner atención en la resolución de uno de los grandes males de Bolivia: una crisis terminal de la justicia que toca a todos y se agrava día a día.
Edwin Cacho Herrera Salinas es periodista y analista.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.









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