
No interesan los nombres, sino los hechos. Caravanas de dos candidaturas a la gobernación de Cochabamba fueron atacadas cuando intentaban ingresar a Chimoré por parte de personas afines a Evo Morales. Este hecho, que no es nuevo en el contexto que se vive en la zona, simplemente confirma que el Chapare es un enclave ilegal en el que, por esa misma razón, no se aplica la normativa boliviana.
Comencemos por recordar qué es un enclave: un “territorio incluido en otro con diferentes características políticas, administrativas, geográficas, etc.”. El Chapare es un territorio dentro de otro, el Estado boliviano, y, específicamente, en el departamento de Cochabamba, que está en el centro de aquel. Tiene diferentes características políticas porque allí no manda el gobernador de Cochabamba, ni los alcaldes de Sacaba, Colomi o Villa Tunari, sino el expresidente Evo Morales. De hecho, el Chapare abarca solo la provincia de ese nombre, pero su área de influencia es mayor. Chimoré, por ejemplo, está en la provincia Carrasco. Esta distribución irregular, que más propiamente corresponde al trópico cochabambino, confirma lo de la distribución geográfica diferente.
Las leyes del Estado boliviano no se aplican en el área del trópico cochabambino controlada por Morales y su organización irregular, conocida como “las seis federaciones de productores de coca” del trópico cochabambino. Por eso, para entrar al lugar, es necesario tener el consentimiento de los dirigentes de estas últimas, dependiendo del punto por donde se intente ingresar.
Esta limitación no es novedosa y se aplicó invariablemente en todos los últimos procesos electorales. El primer protegido fue el Movimiento Al Socialismo (MAS) y, ahora que esa organización política se ha desarticulado, el que sigue manejando el enclave es el “evismo”; es decir, la organización que controla Morales con fines que todos sabemos, pero que pocos se atreven a decir en voz alta.
La desarticulación del MAS ha demostrado que la lucha de quienes se refugiaron en esa organización no fue precisamente política, ni siquiera ideológica, sino maniobras en procura de conservar y multiplicar el poder económico que tiene su centro en el Chapare y el trópico cochabambino, a partir de la producción de coca. Los “evistas”, que utilizaron el denominativo personalista de “Evo Pueblo” durante las últimas elecciones nacionales, ahora se han dispersado en varias organizaciones y todo hace prever que ganarán en varias plazas electorales de Cochabamba, pero no precisamente por voluntad popular, sino por los métodos de presión que tan bien aplicaron en los últimos procesos electorales. Por ese lado, la victoria del exsenador Leonardo Loza es altamente probable y, si eso ocurre, el poder de los cocaleros ya no se limitará solo al trópico, sino que se extenderá a gran parte del heroico y pródigo departamento de Cochabamba.
Y de la detención de Evo Morales, mejor ni hablemos. Tal vez eso sea posible cuando la Asamblea Legislativa Plurinacional declare al 30 de febrero como el “Día de San Blando”…
Juan José Toro Montoya es Premio Nacional en Historia del Periodismo.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.







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