
Johnny Fernández Saucedo cumplió 30 años de trayectoria política a fines de 2025. Por circunstancias periodísticas, percibí en dos ocasiones su rostro adusto, con esa mirada que intentaba entender lo que le estaba pasando: la noche del domingo 26 de noviembre de 1995, cuando arribó a la ciudad de La Paz con sus hermanos tras la trágica muerte de su padre en un accidente aéreo en el municipio potosino de Uncía; y la tarde del 26 de febrero de este año, cuando una audiencia judicial definía su encierro preventivo por 100 días en Palmasola.
Hace 30 años conocí a quien se convertiría en el heredero político y económico de Max Fernández Rojas, principal accionista de la Cervecería Boliviana Nacional y líder de Unidad Cívica Solidaridad (UCS), dueño hasta de los ceniceros en ese partido. Max Fernández murió calcinado en el asiento de un avión que se disponía a despegar de Uncía. Vi entonces al joven heredero verdaderamente compungido, deambulando por el hall de la CBN, esperando noticias de los restos de su progenitor. Me encontraba de turno ese fin de semana en el diario más influyente del país en ese momento.
Tres semanas después, el domingo 6 de diciembre de 1995, Johnny Fernández recibió el “voto póstumo” del electorado —como bautizó el analista Carlos Toranzo— en los comicios para alcalde de Santa Cruz de la Sierra. Con ese inesperado triunfo empezó a recorrer su propio camino político y empresarial.
Han pasado tres décadas y hoy asistimos al ocaso paralelo de Johnny Fernández y de UCS, una organización política de corte populista que mostró vocación de poder bajo la conducción de Max Fernández y terminó convertida en un “taxi partido” durante el liderazgo de su hijo mayor.
UCS formó parte de las megacoaliciones en gobiernos neoliberales, se acercó al MAS durante los 20 años del populismo autoritario, se alió con Creemos en 2020 para postular a Luis Fernando Camacho a la presidencia y ese mismo año se ligó al gobierno de Luis Arce, creyendo que podría sacar tajada de su situación paraoficialista.
Absolutamente desdibujado y sin opciones reales de aliarse con otras fuerzas políticas, UCS se presentó a competir en las elecciones generales del año pasado con Johnny Fernández como candidato presidencial. Perdió hasta su personalidad jurídica al no alcanzar el 3 % de los votos a nivel nacional. De ser un partido prometedor en 1995 terminó como una sigla intrascendente al inicio del nuevo ciclo político del país.
A nivel local, con la experiencia de haber ganado justas municipales, planificó su retorno al sillón edil y se desempeñó como concejal entre 2015 y 2021 con la bandera de la lucha contra la corrupción. Ganó por estrecho margen y, tras volver como alcalde de Santa Cruz, promovió el procesamiento penal y el encarcelamiento de su antecesora, Angélica Sosa, por delitos de corrupción en el caso ítems fantasmas.
Paradójicamente, concluirá su mandato en prisión, ya que los 100 días de detención preventiva por el caso pavimento fantasma se cumplirán en junio y el período municipal 2026-2031 arrancará a principios de mayo, dentro de 60 días. No estará en la ceremonia de transmisión de mando municipal y se convertirá en un dato más en la política cruceña —uno negativo, por cierto—, debido a la mala y cuestionada gestión que ha encabezado en los últimos cinco años.
Quisiera creer que Johnny Fernández aprovechará estos más de tres meses de encierro en el PC-6 de Palmasola para reflexionar sobre su paso por la política local y nacional, para hacer una evaluación sincera y descarnada consigo mismo, pero temo que no será así. Al final del camino no parece estar consciente de que su partido fue transformado en un recipiente que contenía cualquier tipo de proyecto y de que es corresponsable de la desideologización de la política.
No se exige puritanismo, pero ¿alguien conoce las tesis ideológicas de UCS? ¿Alguna vez se ha escuchado de sus dirigentes un pronunciamiento con identidad partidaria clara? Varias organizaciones nacionales y regionales adolecen de esa misma incapacidad y la justifican con el cliché de que en la actualidad “no hay derechas ni izquierdas”.
UCS no supo construir un ideario y la consecuencia fue una sigla hueca, dispuesta a ser comercializada cada cinco años sin ningún remordimiento.
En lo íntimo de su condición de líder político, podría examinar si sus decisiones han fortalecido la democracia, la institucionalidad y el pacto social en su tierra y en el país. Creo que estará más ocupado en los churrascos en el PC-6 o en saber si aún puede obtener ganancias que preserven su patrimonio. ¿Será que piensa en emprender un viaje al cumplir la detención preventiva? Hay que recordarle que puede quedar arraigado por decisión judicial y que aún rige —hasta noviembre de este año— la aplicación de una ley inconstitucional que prohíbe a exautoridades regionales abandonar el territorio nacional.
En política siempre es iluso decretar la muerte de una organización o de un liderazgo, pero queda claro que Johnny Fernández y UCS se aproximan al final del camino.
Edwin Cacho Herrera Salinas es periodista y analista.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.










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