
A pocas semanas de que el presidente de Chile, José Antonio Kast, visite Bolivia, se da un hecho que puede tensionar la relación bilateral. No tiene que ver con nuestro frustrado retorno al mar; tampoco con el aprovechamiento de las aguas del Silala, que nos ganó Chile; ni con militares bolivianos detenidos en territorio chileno, como ocurrió varias veces. Se trata de una injusticia que afecta la imagen del país y la reputación de nuestros exportadores.
Todo inició casi un año atrás, cuando Chile empezó a detener decenas de contenedores con maderas bolivianas exportadas por el puerto de Arica. Pasó un mes, otro mes y varios meses más, sin que la Fiscalía de Arica permitiera a los exportadores afectados defenderse en un proceso sospechosamente hermético.
El desastre se desató cuando, en una conferencia de prensa el 8 de junio de 2026, la Armada de Chile, la Aduana y el fiscal regional de Arica, Mario Carrera Guerrero —principal protagonista—, anunciaron “un golpe histórico, la mayor incautación de droga en la historia de Chile”. Retuvieron más de 1.000 toneladas de maderas bolivianas impregnadas con sustancias controladas e indicaron que se había incautado 108 toneladas de droga por un valor de 8.000 millones de dólares, si tan solo el 10 % del volumen de la carga tuviera aquella sustancia (cifra que podía subir si se consideraban los puertos de San Antonio y Valparaíso, y no solo Arica). Es importante señalar la ausencia de la Policía chilena en dicho acto, por tener dudas sobre lo que se estaba denunciando.
La noticia corrió como reguero de pólvora y el calvario de nuestros exportadores se agudizó por la reacción de sus clientes en el extranjero; el distanciamiento de los bancos por su política de due diligence; la paralización de nuevas exportaciones; los desfases financieros y los despidos de personal; y el deterioro de la imagen-país y de la reputación de las empresas imputadas, afectando a una cadena productiva de 200.000 empleos.
Pero la situación empeoró por un efecto contagio en Bolivia y en Brasil: se detuvieron camiones y cargas de maderas de exportación bajo la misma presunción y con los mismos test rápidos que, tras realizarse pruebas con el apoyo de organismos de inteligencia internacionales, resultaron ser “falsos positivos”. La Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico de Bolivia y la Policía Federal de Brasil tuvieron la decencia de reconocer su error un mes después, echando por tierra el anuncio que —como un calco del error chileno— el Servicio Federal de Impuestos y la Receita Federal de Brasil habían realizado: una operación sin precedentes a partir de test rápidos antinarcóticos, con “la mayor incautación de droga de su historia, por 50 toneladas ocultas en 260 toneladas de maderas bolivianas impregnadas con droga”, en Corumbá (Mato Grosso do Sul) y Cáceres (Mato Grosso).
Volviendo al caso chileno, de nada valieron los esfuerzos de la Cancillería boliviana y del Ministerio de Gobierno al pedir a Chile un peritaje internacional imparcial, sabiendo que las maderas tropicales bolivianas son tan duras que es imposible impregnarlas con líquidos. De ello dio fe por escrito el Dr. Jean Gerard, investigador del Equipo de Maderas Tropicales de la Unidad de Investigación del Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo (CIRAD) de Francia, sobre los tres tipos de maderas duras tropicales exportadas por Bolivia y retenidas en Chile. Sentenció lo siguiente: «De conformidad con la Norma Europea EN 350, ninguna sustancia, ya sea sólida o líquida, puede penetrar en la madera, incluso mediante impregnación al vacío. Esta característica se debe a la estructura anatómica de estos tres tipos de madera y a su muy alta densidad». A ello se sumaron otros expertos, incluso un exagente de la DEA, quienes coincidieron en que era imposible que las maderas bolivianas hubieran sido impregnadas con droga.
Pero nada de eso valió. Una comisión del Senado de Bolivia constató in situ que, de forma indebida, ilegal y abusiva, los Carabineros de Chile estaban quemando las maderas bolivianas, pese a que la Fiscalía Regional de Arica había ordenado al Ministerio de Salud Pública suspender la incineración de las cargas mientras la investigación estuviera en curso.
Entonces surgen las dudas: ¿quieren destruir la evidencia de que las maderas no estaban impregnadas con droga? ¿Encubrir la mayor metida de pata de la historia chilena, al haber señalado, acusado, juzgado y condenado a los exportadores bolivianos sin sustentar su posición? ¿Evitar un peritaje imparcial que lleve a la verdad de los hechos? Porque, a la luz de lo que se sabe, el Instituto de Salud Pública de Chile jamás habló de “maderas impregnadas”, sino que advirtió de “trazas” del 5 %, que al ser pequeñas podrían resultar de una contaminación cruzada y dar un falso positivo.
El triple daño está hecho: daño económico por 15 millones de dólares a los exportadores; daño a la imagen de Bolivia, del sector forestal y a la reputación de los madereros; y un doloroso daño a miles de jefes de hogar, hoy sin empleo.
En lo personal, me frustra que Chile —país al que siempre puse, desde mi posición institucional, como docente universitario y estudioso del comercio internacional, como ejemplo a seguir, al haber llegado a ser miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos; por su solidez institucional; por sus políticas de Estado y por la credibilidad de su justicia— ahora desconozca el Tratado de Paz y Amistad de 1904 al detener cargas en tránsito; el Acuerdo de Facilitación del Comercio de la Organización Mundial del Comercio, por su falta de transparencia; y, lo peor, la posibilidad de entorpecer una relación diplomática normal para construir una mejor relación bilateral.
Esto no es un problema del puerto de Arica, pero afecta su credibilidad, porque lo que están haciendo en Chile con las maderas bolivianas ¡es una iniquidad!
Gary Antonio Rodríguez Álvarez es Economista y Magíster en Comercio Internacional.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.










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