
Uno de los mayores errores que cometemos cuando nos referimos a nuestro pasado es creer que “colonización” viene de Colón. La coincidencia entre aquel nombre y este apellido fue la causa de un equívoco que ha llegado hasta nuestros días.
“Colonización” viene de “colonia”, que hasta el siglo XIX se definía como una “porción de gente que, por orden de algún gobierno, se establece en otro país”. Hoy en día, su significado no es muy diferente: “conjunto de personas que, procedentes de un territorio, se establecen en otro”.
En el siglo XVI, potencias europeas comenzaron a ocupar América. Inglaterra ocupó Norteamérica bajo el concepto de colonización; es decir, envió grupos de personas que fueron a ocupar territorios. Esos migrantes eran colonos, pero, como la tierra que pretendían ocupar ya tenía dueños, su gobierno recurrió a un expediente sencillo: exterminó naciones enteras de indígenas y confinó a los sobrevivientes en reservaciones.
En aquellos años, España no existía como tal, sino que era un conglomerado de reinos encabezados por Castilla y León. Quizá por eso no envió grandes grupos de personas a ocupar tierras, sino que se limitó a legislar cómo sería “el paso a las Indias”. Si se revisan los registros de personas que partían desde tierras castellanas hacia Sudamérica, se confirmará que no eran grandes contingentes, sino pasajeros corrientes. Ya cuando surgió el Imperio Español, sobre la base de la plata de Potosí, la relación fue la misma. No hubo colonización, sino control del territorio ejercido desde la Corona española, que mantenía presencia en Sudamérica mediante representantes directos del rey, denominados virreyes. Por tanto, España no tuvo colonias, sino virreinatos, y es incorrecto utilizar la etiqueta “colonial”.
El otro problema es el carácter peyorativo que se le dio al término “colonia”, debido en gran medida al modelo administrativo inglés: genocidio, ocupación violenta de territorios y despojo de recursos naturales.
Precisamente por influencia de los ingleses, que siempre estuvieron interesados en los territorios que ocupaba España, se utilizó “colonia” y “colonización” para referirse no solo a las colonias inglesas en América, sino también a los territorios españoles de ultramar. Después de las independencias, “colonia” y “colonización” se convirtieron en malas palabras y en una forma de denostar el período virreinal. Los políticos lo aprovecharon para adoctrinar a las masas nativas, a las que todavía hoy llamamos indígenas.
Sí, España explotó los recursos naturales de sus virreinatos y los trasladó en grandes proporciones a Europa, pero no mediante el despojo, sino a través de un sistema impositivo que dejaba buena parte de las utilidades en los territorios americanos. Con esos recursos se amasaron fortunas en los virreinatos, se construyeron catedrales y se fundaron casas de moneda. Detalle importante: Inglaterra prohibió que se acuñara moneda en sus colonias, mientras que España tuvo cecas tan importantes como las de México, Lima y Potosí.
Una vez más: la historia no fue como nos la contaron. Se utilizaron los errores del pasado para prolongarlos hasta el presente y hacer creer a los indígenas, primero, y a los mestizos, después, que asesinaron a nuestros ancestros y se quedaron con nuestras riquezas.
Es tiempo de estudiar la historia como realmente fue.
Juan José Toro Montoya es Premio Nacional en Historia del Periodismo.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.








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