
En un país golpeado por recurrentes déficits comerciales, la cifra no solo sorprende, sino que obliga a preguntarse si estamos ante un verdadero punto de inflexión o simplemente ante un respiro temporal: ¿Qué hay detrás de este resultado y, sobre todo, es sostenible en el tiempo?
A partir del nuevo ciclo político y el cambio de modelo económico iniciado en Bolivia el 8 de noviembre de 2025, se han sucedido una serie de anuncios positivos, acompañados de medidas de política económica que han alimentado en la población la esperanza de que la situación del país mejorará.
La inflación se moderó, el dólar se estabilizó y casi desaparecieron las filas para cargar combustible. Llegaron anuncios de más de 8.000 millones de dólares en apoyo financiero internacional y comenzó su desembolso; mejoraron las calificaciones de riesgo país; se eliminaron impuestos distorsivos; se lanzó un shock desregulatorio en el sector público bajo el lema “Tranca Cero”; se dieron señales de apertura diplomática y a la inversión extranjera, entre otras medidas. Destacan especialmente el ajuste del precio de los combustibles y la devaluación de facto del dólar, que fueron bien asimilados gracias a medidas sociales compensatorias.
Pero no todo fue color de rosa. Por ejemplo: el boicot provocado por la venta de gasolina adulterada, los casos de corrupción y la detención de exautoridades, la sensación de que la economía se está enfriando, el anuncio de que la inflación en 2026 será de dos dígitos y de que las Reservas Internacionales Netas (RIN) líquidas del Banco Central de Bolivia (BCB) se encuentran en un mínimo histórico. A esto se suma la preocupación de que regrese la subvención a los combustibles ante el alza del precio del petróleo por las dos guerras en curso, y el hecho recurrente de que el tipo de cambio oficial permanezca fijo mientras el dólar tiende a subir en el paralelo.
Respecto a este último punto, decidí emitir una opinión lo más equilibrada posible, destacando información que, desde mi punto de vista, merece ser resaltada: ¿Sabía usted que el comercio exterior boliviano, hasta febrero, registró, en números redondos, un superávit de 800 millones de dólares en la balanza comercial de bienes tangibles?
Según un informe del Instituto Nacional de Estadística, las exportaciones del país (sin reexportaciones ni efectos personales) sumaron 2.216 millones de dólares, mientras que las importaciones alcanzaron 1.420 millones. Esto generó un excedente neto de casi 800 millones de dólares: esos dólares que tanta falta hacen.
Exportar 800 millones de dólares más de lo que se importa es positivo, pero ¿cuál es la explicación? Hay tres razones principales: mejores precios para los minerales, la reanimación de las Exportaciones No Tradicionales y la caída de las importaciones.
La exportación de minerales a febrero alcanzó 1.654 millones de dólares, es decir, 975 millones más que en el mismo período de 2025, pese a que su volumen cayó un 15 %. Crecieron gracias a un positivo “efecto precio”.
Las Exportaciones No Tradicionales (ENT) lograron 435 millones de dólares y aportaron 116 millones al superávit, impulsadas por mejores cotizaciones de la soya, joyería, castaña, chía, café y textiles. Es importante destacar que las ENT crecieron tanto en valor como en volumen.
Finalmente, las importaciones totalizaron 1.420 millones de dólares a febrero, lo que representa una caída de 168 millones respecto a 2025 (una reducción del 11 % en valor y del 14 % en volumen). Particularmente llamativa es la caída del 40 % en valor y 37 % en volumen de Combustibles y Lubricantes. Esto confirma que “algo extraño” ocurría en ese rubro: si no hay mayor producción nacional y las importaciones bajan, es probable que el faltante se haya destinado al contrabando, alentado por el diferencial de precios derivado de la subvención.
¿Qué enseñanzas nos deja esto?
Que se haya registrado un superávit de 800 millones de dólares en la balanza comercial es bueno para el país. Aunque esos dólares no ingresen directamente a las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Banco Central de Bolivia (BCB), porque pertenecen a actores privados que arriesgaron, invirtieron, produjeron y exportaron más de 2.000 millones de dólares, este resultado demuestra que el libre mercado sí funciona y es capaz de generar divisas, ya sea a través del sistema financiero o mediante transacciones directas entre particulares. Gracias a ello, el dólar no se disparó nuevamente, pese a que las divisas líquidas de las RIN se encuentran en niveles mínimos (poco más de 50 millones de dólares), luego de haber pagado 500 millones de dólares por el servicio de la deuda externa.
Siendo que a febrero las exportaciones alcanzaron un récord de 2.216 millones de dólares —superando el registro del mismo período de 2022, el año del mayor hito histórico—, de continuar esta dinámica, 2026 podría cerrar con un nuevo récord, generando un enorme excedente comercial, aumentando la disponibilidad de dólares en el sistema, reduciendo la presión sobre el tipo de cambio y creando empleos dignos. Todo ello demuestra que la verdadera respuesta a la crisis siempre fueron las exportaciones, aunque en el pasado hubo quienes las despreciaron tildándolas de “economía de rebalse”, un error que lamentablemente llevó al país a una penosa situación.
Gary Antonio Rodríguez Álvarez es Economista y Magíster en Comercio Internacional.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.










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