
No contentos con el 20% de incremento al Salario Mínimo Nacional impuesto por Decreto Supremo a partir de enero de 2026 —una colosal subida que ni el Movimiento Al Socialismo osó realizar en 20 años—, los muchachos de la Central Obrera Boliviana (COB), fieles a su estilo de pedir y amenazar, hoy exigen en plena crisis otro descomunal aumento del 20%, esta vez al Salario Básico. ¡Locura total!
Cuando Bolivia viene saliendo de una estanflación, con una desaceleración productiva en curso y un tejido empresarial debilitado desde la pandemia, lo mínimo que se puede decir de tal pedido es que no solo es irracional, sino contradictorio con el objetivo que pretende. Cuando un alza salarial se impone por razones políticas y a fuerza de dinamitazos —como estila la COB—, el resultado acaba afectando negativamente a la propia “clase obrera”.
Plantear hoy cualquier incremento salarial obligatorio implica desconocer la realidad, considerando que sectores clave —como servicios, transporte, construcción e industria— están en contracción. Es el caso del rubro de los Operadores de Comercio Exterior, que enfrenta una situación crítica por la caída de la actividad, las condiciones de competencia poco equitativas frente a operadores vinculados al ámbito estatal aduanero, la competencia desleal del contrabando y la falta de combustible que amenaza la economía. Pese a ello, ¡los señoritos de la COB exigen un incremento del 20%!
Dado que la situación podría empeorar por el “efecto en cascada” sobre los costos, el Gobierno no debería dejarse chantajear. Cada empresa debería negociar en función de su realidad para aumentar o congelar sueldos, a fin de proteger la producción y preservar el empleo formal.
Y es que la economía no se rige por deseos, sino por realidades. Cuando se ignora esto, el costo lo paga el trabajador, no los orondos dirigentes de la COB quienes, además de no trabajar por estar declarados “en comisión”, están acusados de ganar sueldos tan altos que resultan una obscenidad para el país. Es duro decirlo, pero la única forma de mejorar sanamente el ingreso del trabajador es mediante un aumento de su productividad; por ello, toda imposición por decreto provocará una escalada de precios, desempleo e informalidad.
Como era de esperar, las cámaras empresariales rechazaron el incremento alertando que generaría inflación, cierre de empresas y destrucción del empleo formal. Si el costo laboral sube artificialmente, las empresas reducirán personal, bajarán su inversión o pasarán a la informalidad; en un país que es campeón mundial en este campo, el efecto podría ser devastador.
¡Hasta los gremialistas han expresado su rechazo, por no hablar de las MiPymes! No porque se opongan a mejores salarios, sino por algo que los tipos de la COB ignoran: no se puede repartir lo que no se produce. Incluso el Gobierno, dada la situación del país, descartó el incremento del 20% y planteó un diálogo tripartito (trabajadores-empleadores-Estado), entiendo yo, sin el compromiso de fijar un aumento obligatorio. La misma Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostiene que el tema salarial se debe resolver con diálogo, no por imposición unilateral. El Estado no es quién para fijar salarios arbitrariamente; debe ser un facilitador de acuerdos basados en la realidad de las unidades productivas, comerciales y de servicios, mucho más ahora que el país encara un nuevo ciclo histórico para clausurar el Estado paternalista y benefactor que decidía arbitrariamente sobre vidas y haciendas ajenas.
Adicionalmente, hay algo que no debe ignorarse: la COB fue parte activa de un modelo económico que apostó por el control estatal, la expansión del gasto y la ilusión de que la riqueza podía redistribuirse sin ser previamente generada. Repartir lo que no es de uno es una confiscación, no “justicia social”.
La historia ha demostrado que las políticas intervencionistas ocasionan distorsiones y perjudican a quienes pretenden ayudar. Un aumento salarial del 20% elevaría los costos, se trasladaría a los precios, destruiría empleos dignos e incrementaría la informalidad. ¡Cuidado, con la economía no se juega!
Hugo Chávez subía salarios a su antojo, expropiaba y regalaba lo ajeno, hasta que comprobó que de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno. Maduro lo hizo “de película”: pagaba hasta tres aguinaldos y adelantaba la Navidad, pero esta praxis del Socialismo del Siglo XXI que tanto gusta a la COB acabó llevando a la gente a buscar alimento en la basura y provocó un éxodo de ocho millones de venezolanos para vivir como parias en el extranjero.
Así que, ¿aumento salarial del 20% al haber básico? ¡Nones! ¡Ni en esta vida ni en la otra!
Gary Antonio Rodríguez Álvarez es Economista y Magíster en Comercio Internacional.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.










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