
Existen procesos judiciales en los que no se sabe con certeza quién o quiénes deben ser demandados y, por tanto, tampoco se sabe dónde deben ser citados. Para estos casos, el artículo 78 de la Ley 439 establece la citación mediante edictos en un medio de comunicación social. No es obligatorio que los edictos se publiquen en periódicos, pero estos son los más utilizados por una razón: su permanencia en el tiempo.
Al tratarse de un objeto —un impreso en papel—, el periódico puede, incluso, convertirse en un documento. En la investigación historiográfica, por ejemplo, un impreso puede alcanzar el rango de prueba primaria, dependiendo de su antigüedad y/o de la inexistencia de otros medios de prueba.
Debido a su carácter testimonial, el periódico escribe la historia diaria de la sociedad en la que circula. Sucre y Potosí son dos ciudades en las que los periódicos desaparecieron durante algún tiempo, y eso ha creado periodos en los que existen vacíos históricos difíciles de llenar. En la capital de Bolivia, el silencio impreso se acabó cuando apareció Correo del Sur.
Durante 39 años, Correo del Sur escribió la historia de Sucre y Chuquisaca y, aunque en ese tiempo aparecieron otros medios, ninguno logró permanecer de manera ininterrumpida. Pero Chuquisaca está en Bolivia y, en los últimos años, la prensa boliviana enfrentó a uno de los peores enemigos de su historia: Evo Morales.
El líder de los cocaleros del Chapare y sus acólitos interpretan el papel del periodismo desde una concepción marxista de los medios de comunicación como parte de la superestructura ideológica de la sociedad, y creen que su rol es la difusión de ideología. Por ello, exigen que el periodismo reproduzca la propaganda del partido y, si no lo hacen, son considerados enemigos de este. Con esa manera de ver las cosas, los gobiernos del MAS asfixiaron a la prensa hasta el extremo de que varios medios tuvieron que cerrarse.
En ciudades con más de un periódico, el cierre de alguno no afecta mucho, pero las cosas son diferentes en aquellas que tienen solo uno.
Correo del Sur ha logrado sobrevivir a la asfixia masista, pero ahora está en riesgo de cerrarse, no por acción de algún gobierno, sino porque un abogado ha visto la manera de obtener buenas ganancias con el porcentaje que le pagarán cinco extrabajadores que están desarrollando un juicio por el pago de beneficios sociales.
El pago no ha sido negado, pero quienes cobran ahora no lo hicieron a su debido tiempo y motivaron que la deuda creciera por multas y sanciones. Como la bola de nieve ha crecido, existen dos opciones: cerrar el periódico y declararlo en quiebra, o bien negociar para que el pago se haga a plazos.
El cierre no sería simplemente un problema social para quienes todavía trabajan en el periódico, sino que Sucre perdería su memoria escrita. Y aquí está una gran diferencia entre los medios impresos y los digitales: los primeros son documentos que permanecen en las hemerotecas para consultas, mientras que los segundos son más vulnerables a desaparecer, con todo su contenido, cuando la página web se cierre.
No es, entonces, un asunto de privados.
Juan José Toro Montoya es Premio Nacional en Historia del Periodismo.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.










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