
Como a la gran mayoría de los bolivianos, en la escuela me enseñaron que los españoles nos invadieron allá por 1532, esclavizaron a nuestros ancestros indígenas, los colonizaron y los mantuvieron en esa condición hasta la Guerra de la Independencia, cuando fueron derrotados y expulsados.
Por eso, fue un shock enterarme de la existencia de un documento, el “Memorial de Charcas”, que revela una realidad completamente diferente en los primeros años de la conquista y, al menos, hasta 1582.
En ese año, un total de 24 caciques de las naciones Qaraqara y Charka mandaron redactar un memorial dirigido al entonces rey de España, Felipe II, en el que se quejaban de que los privilegios que poseían se habían visto disminuidos por las reformas del virrey Francisco de Toledo.
Ahí surgió el primer cuestionamiento: si nuestros ancestros indígenas fueron esclavizados, ¿cómo es que algunos tenían privilegios? La respuesta es que, en los primeros años de la conquista, los abuelos de los firmantes del memorial habían llegado a acuerdos con los españoles a cambio de que se respetaran los derechos que tenían como gobernantes de estas tierras.
Entre las muchas revelaciones de este documento está el hecho de que los gobernantes de Charkas y Qaraqara, Coysara y Moroco, respectivamente, pactaron con los hermanos de Francisco Pizarro, Hernando y Gonzalo, someterse voluntariamente a la autoridad del rey de España. En el caso de Coysara, gobernante de los Charkas, este entregó el yacimiento de plata de Porco, además de minas de oro, bronce y estaño. Por si fuera poco, encabezó sus tropas para acompañar a Diego de Almagro y Pedro de Valdivia en la conquista de Chile. En agradecimiento a todos estos servicios, se dio el nombre de Charcas a la provincia sobre la que se constituyó Bolivia en el entonces lejano 1825.
Entonces, aquí no vemos invasiones ni mucho menos esclavitud. Hubo naciones o culturas que llegaron a buenos términos con los españoles y se convirtieron voluntariamente en súbditas del rey de España, condición que se extendió a los indígenas que tenían a su cargo, quienes se contaban por miles. El problema fue que, con el paso de los años, las autoridades virreinales, como Toledo, incumplieron los acuerdos iniciales y configuraron nuevos modelos de relacionamiento con los caciques y mallkus, hasta el punto de que estos tuvieron que presentar sus quejas mediante un memorial que nos descubrió una realidad muy diferente de la que nos enseñaron en la escuela.
El documento fue encontrado por el peruano Waldemar Espinoza Soriano en el Archivo General de Indias (AGI), en Sevilla, y su transcripción fue publicada por primera vez en 1969. En 2006 volvió a publicarse, con revisión de John Murra, en el monumental libro “Qaraqara-Charka”, en el que sus autores, Tristan Platt, Thérèse Bouysse-Cassagne y Olivia Harris, incorporaron más documentos, especialmente probanzas, que ayudaron a comprender mejor el memorial de 1582.
Gracias a las precisiones de ese libro, este año pude conseguir, por fin, una copia del documento en el AGI. Contando la carátula del expediente que lo contiene, son 342 páginas de escritura notarial. Un tesoro para seguir estudiando esa parte de nuestra historia.
Uno de los problemas que tiene Bolivia es que los maestros de Ciencias Sociales siguen repitiendo las mentiras que fueron construidas como parte de los discursos del pasado y, hasta ahora, no se han molestado en incorporar estos hallazgos —que ya no son tan nuevos— a la enseñanza de nuestra historia.
Repitiendo esas mentiras, hoy tenemos a decenas de nuestros hermanos bloqueando caminos y creyendo que, de esa manera, corregirán una historia que, como se ve, ha sido mal enseñada.
Juan José Toro Montoya es Premio Nacional en Historia del Periodismo.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.











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