
En los informes de las últimas cuatro décadas, las entidades estatales vinculadas a la lucha contra el narcotráfico —Ministerio de Gobierno, Viceministerio de Defensa Social y Felcn— han puesto el acento en la interdicción de la cocaína. No era para menos: desde finales del siglo XX, Bolivia se situó en el podio de las naciones productoras de clorhidrato de cocaína y pasta base. Sin embargo, producto de la permanente reinvención del crimen organizado, un nuevo negocio ilícito comenzó a cobrar fuerza a nivel continental, aunque de manera discreta.
La Dirección General de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) realizó una valiosa sistematización sobre las incautaciones de cannabis entre 2008 y febrero de 2026: 27 años de datos sobre una temática que, hasta hace poco, generaba escaso interés.
Los registros muestran que entre 2008 y 2011 el único parámetro de incautación era “marihuana secuestrada para expendio”, es decir, marihuana seca y lista para el consumo. En 2009, el volumen confiscado alcanzó 1.973.412.104 gramos (equivalentes a 1.973 toneladas listas para la venta dentro y fuera del país). En 2011, la cifra cayó a 382.199.640 gramos. A partir de 2012 se incorporó un nuevo ítem al registro: “marihuana incinerada en plantíos”.
Con este doble parámetro, la interdicción de la yerba llegó en 2020 a 464.212.170 gramos (464 toneladas), entre incineradas en plantíos y secuestradas en las calles. En 2021 y 2022 se registró un descenso, probablemente explicado por la pandemia de COVID-19. Desde 2023, los decomisos e incineraciones repuntaron hasta alcanzar en 2024 los 514.513.878 gramos (514 toneladas), durante la gestión de Eduardo del Castillo como ministro de Gobierno y Jaime Mamani como viceministro de Defensa Social.
Datos obtenidos por Datápolis sobre decomisos de marihuana en lo que va del nuevo gobierno —desde el 8 de noviembre de 2025 hasta la primera quincena de febrero de 2026— registran 218.840.792 gramos secuestrados e incinerados, equivalentes a 218 toneladas. Si aplicamos el estándar internacional de que se incauta aproximadamente el 10 % de lo producido, las cifras reales de producción y tráfico de cannabis desde Bolivia serían siderales. Por eso hablamos del boom de la marihuana.
Aunque en Bolivia la marihuana sigue siendo ilegal y penalizada, en la última década han surgido indicios claros de un repunte en la producción ilícita más allá de su uso doméstico tradicional. Los datos oficiales indican que entre 2020 y 2024 la cantidad de marihuana incautada en operativos creció aproximadamente un 38 %, con incrementos notorios en diversas regiones del país, especialmente en zonas rurales donde el control estatal es prácticamente inexistente.
Una de esas regiones es el norte de Potosí, particularmente el lugar conocido como México Chico. Durante el gobierno anterior se destruyeron decenas de carpas solares con toneladas de marihuana preparadas para su traslado a Chile y otros mercados, tras el grave conflicto en el municipio de Llallagua, donde cuatro policías —tres subtenientes y un sargento de Bomberos— fueron asesinados con disparos de precisión, presuntamente por francotiradores.
Se trata de una zona roja desde donde se inicia el circuito delictivo de producción, acopio y distribución de cannabis tanto para consumo interno como para exportación a mercados extranjeros, donde el consumo de lo que antes se consideraba “droga liviana” ha crecido exponencialmente gracias a nuevas variedades más potentes.
En lo que va de febrero de 2026 ya se han confiscado tres toneladas en un peaje de la ruta entre Oruro y el norte de Potosí, una tonelada en Chile cerca de la frontera boliviana, otra tonelada en el norte argentino y una más en la ciudad de Cochabamba. Esto evidencia el auge de la yerba en distintas presentaciones, incluida la marihuana húmeda, que incrementa su potencial narcotizante.
Aunque no existen reportes técnicos oficiales sobre nuevas cepas desarrolladas mediante investigación genética, en la práctica se observa una notable adaptación a las condiciones climáticas extremas del occidente boliviano: el uso de carpas solares permite simular ambientes templados y producir en zonas altas y frías, lo que sugiere la circulación de variedades más resistentes y de mayor rendimiento que las tradicionales plantaciones a cielo abierto.
Para completar el panorama del auge de la marihuana, destaca la inédita llegada de cannabis procesado proveniente de Estados Unidos. Se le conoce como marihuana líquida, marihuana ice, marihuana en pasta o hachís. Estos productos causarían efectos que van más allá de lo alucinógeno y podrían estar ganando terreno entre consumidores locales a través de los tristemente famosos vapeadores. En las últimas semanas se decomisaron 340 kilos de marihuana líquida en el aeropuerto Viru Viru, y los fiscales antinarcóticos no descartan su conexión con el escandaloso caso de las maletas.
Las autoridades antidrogas nacionales prefieren seguir presentando a Bolivia como un país de tránsito hacia otros mercados sudamericanos y emergentes en otros continentes.
La capacidad del narcotráfico global para reinventarse y expandirse es impresionante. El crimen organizado se ha diversificado de tal forma que, además del tráfico de drogas convencionales, ahora controla y obtiene multimillonarias ganancias del fentanilo y anfetaminas, tráfico de armas, extorsiones a gran escala, tala ilegal, minería ilegal, tráfico de hidrocarburos o huachicol, mercado de apuestas, tráfico de migrantes y lavado de dinero en el sector inmobiliario, espectáculos y deportes masivos.
Mientras esta diversificación avanza sin límites, una línea de negocio delictivo crece sin hacer demasiado ruido a nivel nacional y continental: la marihuana tradicional y la marihuana sofisticada. Cortar su crecimiento exponencial en producción, acopio y distribución, así como impedir la consolidación de nuevas variedades importadas o procesadas en Bolivia, representa un gran desafío para las entidades de lucha contra el narcotráfico. ¿Cuándo llegará la intervención decidida del Estado en México Chico y otros narcoenclaves del país?
Edwin Cacho Herrera Salinas es periodista y analista.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.










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