El sonso de yuca: un tesoro gastronómico del oriente boliviano

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El sonso de yuca, un plato tradicional del oriente boliviano, ha conquistado paladares en todo el país. Este horneado, que combina la versatilidad de la yuca con ingredientes como el queso y la mantequilla, es un ejemplo de cómo la tradición y la creatividad culinaria se fusionan para dar vida a un manjar inigualable. Aunque su origen no está documentado con precisión, se cree que proviene de las zonas selváticas y remotas de Santa Cruz, Beni y Pando, donde la yuca es un cultivo fundamental.

El sonso está estrechamente ligado a la yuca, un tubérculo introducido en el oriente boliviano hace más de 500 años por los nativos arawak, provenientes del Caribe. Adaptada perfectamente al clima tropical de la región, la yuca se convirtió en un alimento esencial. Aunque su consumo crudo es tóxico, la cocción elimina estos riesgos, permitiendo aprovechar sus beneficios nutricionales, como la regulación del colesterol, su efecto depurativo y su aporte a la digestión.

Un plato nacido de la necesidad y la creatividad

El sonso probablemente surgió en comunidades alejadas, donde los recursos eran limitados. Ante esta situación, los habitantes recurrieron a ingredientes locales, transformando la yuca en una base para preparaciones más elaboradas. Con el tiempo, la receta evolucionó hasta convertirse en el plato que hoy se conoce, combinando yuca molida con queso, mantequilla y, en algunas variantes, leche o huevo.

El enigma del nombre

En Bolivia, el término “sonso” se usa coloquialmente para referirse a alguien ingenuo o poco astuto. No obstante, el origen de su asociación con este plato es incierto. Lo que sí es seguro es que, lejos de ser “soso” o simple, el sonso es una combinación de sabores que refleja la riqueza gastronómica del oriente boliviano.

Preparación y variedades

El sonso se elabora mezclando yuca molida, queso y mantequilla hasta obtener una masa homogénea. Esta preparación puede cocinarse de tres maneras: frita, horneada o asada. La versión más tradicional es la asada, cocida en un palo de bambú sobre brasas, lo que le confiere un sabor ahumado y una textura suave. También es común encontrarlo en porciones individuales en panaderías y puestos callejeros.

Un deleite para cualquier momento

El sonso se disfruta principalmente en la merienda o acompañado de una bebida caliente como café, té o chocolate. Su popularidad ha trascendido el oriente boliviano, consolidándose como un símbolo de la gastronomía nacional. Ya sea en las calles de Santa Cruz o en comunidades remotas, este plato representa la esencia de una región que ha sabido transformar sus recursos en tesoros culinarios.

El sonso de yuca no solo es una delicia gastronómica, sino también un testimonio de la historia y cultura de Bolivia, reflejando la capacidad de su gente para convertir ingredientes simples en verdaderas joyas culinarias.

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