
El expresidente Evo Morales advirtió que la actual «rebelión de la gente» ha superado la capacidad de control de sus dirigentes. El exmandatario aseguró que las movilizaciones persistirán mientras el Gobierno no solucione la escasez de combustible y el encarecimiento de los alimentos.
Esta postura surge en un escenario de alta tensión política y social en Bolivia. Actualmente, sectores afines al líder cocalero marchan desde Caracollo hacia la sede de Gobierno. Al mismo tiempo, bloqueos de carreteras cumplen ya diez días de ejecución en puntos estratégicos del país.
Demandas estructurales sobre represión
A través de sus redes sociales, Morales sostuvo que las medidas de fuerza del Ejecutivo no resolverán el conflicto actual. El exmandatario señaló que detener o criminalizar a los dirigentes es inútil frente a la crisis económica. Para Morales, el centro del problema radica en la inflación y la falta de suministros básicos.
El líder del MAS afirmó que la población actúa movida por una «conciencia social» y rechazo a la gestión actual. Según su declaración, el Gobierno traicionó a sus electores desde el inicio de su mandato. Morales enfatizó que solo atendiendo demandas estructurales se podrá desmovilizar a los manifestantes.
El Alto y la presión de los mineros
La conflictividad se concentra con fuerza en las ciudades de La Paz y El Alto. A estas zonas arribaron cientos de mineros cooperativistas para sumarse a las protestas contra el presidente Rodrigo Paz. Aunque Morales menciona demandas económicas, estos grupos exigen abiertamente la renuncia del actual Jefe de Estado.
Un cambio relevante en la agenda de movilizaciones es la eliminación de la Ley 1720. Esta norma, que permitía la conversión de pequeña propiedad agraria a mediana, quedó fuera del ordenamiento jurídico el pasado miércoles. Por este motivo, los manifestantes retiraron dicho punto de su pliego de peticiones inicial.
Reacción desde el Chapare
Desde su autoexilio en la región del Chapare, Morales rechazó ser el único organizador de las protestas. El expresidente cuestionó las contradicciones de sus detractores y del propio oficialismo boliviano. Afirmó que, aunque lo califican de «cadáver político», se le sigue responsabilizando por la movilización nacional.
Morales reiteró que la indignación ciudadana ha rebasado las estructuras de mando tradicionales. Aseguró que miles de bolivianos protestan en las calles por iniciativa propia y no por obediencia a una sola persona. Mientras tanto, la presión sobre La Paz aumenta con la llegada de nuevas columnas de marchistas.






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