Por: Percy Calderon
Al amanecer, el templo del Socavón y el monumento a la Virgen del Socavón marcan el inicio de la jornada central del Carnaval de Oruro. Se trata de una de las mayores expresiones culturales y religiosas de Bolivia.
Durante este sábado de Carnaval, cerca de 30.000 danzarines y 10.000 músicos recorrerán cuatro kilómetros ante aproximadamente 500.000 espectadores. La celebración se extiende por más de 20 horas continuas, convirtiéndose en un acto masivo de fe y tradición.
Además, la festividad fue declarada por la Unesco en 2001 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, reconocimiento que respalda su valor universal.
La peregrinación al Socavón: devoción que se hace movimiento
Desde las primeras horas del día, las fraternidades inician su desplazamiento hacia el santuario del Socavón. Allí, cada conjunto ofrece su danza como promesa y agradecimiento.
Así, la oración se transforma en coreografía. El canto se vuelve música. El cuerpo, finalmente, se convierte en instrumento de fe.
Por esta razón, el Carnaval de Oruro es considerado una peregrinación danzada, única en el mundo.
La Diablada: encuentro entre cosmovisión andina y cristianismo
Raíces precolombinas
Los orígenes de la Diablada se remontan a danzas rituales prehispánicas, como la Llama Llama. En ellas se utilizaban cabezas de llama y saltos que imitaban su andar.
Con la llegada de los españoles, estas expresiones se fusionaron con el catolicismo. Como resultado, surgió la Diablada actual.
Simbología y personajes
El antiguo dios Wari o Tiw fue reinterpretado como el diablo cristiano. Sin embargo, su significado se adaptó al contexto andino.
En escena aparecen luciferes, chinasupays, osos jucumaris y cóndores. Todos siguen al arcángel San Miguel hasta rendirse ante la Virgen del Socavón.
De este modo, la danza representa la victoria del bien sobre el mal.
La memoria afroboliviana expresada en danza
Morenada: crónica del sufrimiento
La Morenada refleja la historia de los esclavos africanos traídos durante la colonia. Fueron destinados a reemplazar a indígenas que murieron en las minas de Potosí y Oruro.
Las máscaras exhiben ojos saltones por la asfixia. Asimismo, la lengua sobresaliente simboliza sed y agotamiento.
El paso lento, acompañado por matracas, imita el sonido de cadenas. Incluso el pollerín recuerda al tonel de plata con el que se compraban esclavos.
Negritos y Saya
Por otro lado, los afrodescendientes trasladados a los Yungas conservaron sus tradiciones. Lo hicieron mediante danzas ágiles y satíricas.
Estas expresiones dieron origen a los Negritos y la Saya, acompañadas por tambores, maracas y pitos.
Caporales
Aunque es una danza urbana contemporánea, se inspira en los capataces de haciendas. Representa al vigilante encargado de imponer disciplina.
Danzas históricas y de identidad ancestral
Los Incas
Esta danza muestra el esplendor del Imperio Inca. Aparecen el Sapa Inca, su corte y los conquistadores españoles.
Así, se recuerda la alianza religiosa y militar que facilitó la conquista.
Tobas
La danza de los Tobas se inspira en pueblos amazónicos y del Chaco. Se caracteriza por saltos y vestimentas de plumas.
Además, su difusión creció tras la Guerra del Chaco, cuando soldados compartieron tradiciones.
Llamerada
Representa el arreo de llamas, animal esencial para las culturas andinas.
Su carne, piel, huesos y sangre poseen múltiples usos rituales y prácticos.
Rituales agrícolas y saberes ancestrales
Tinkus
Surgen de encuentros comunitarios al finalizar la cosecha. Incluyen enfrentamientos rituales y ofrendas de sangre a la Pachamama.
Kallawayas
La danza honra a médicos naturistas expertos en plantas medicinales. Provienen de Charazani.
Cullahuada
Conocida como la danza de los tejedores. Recuerda a los artesanos que confeccionaban prendas para el Sapa Inca.
Un patrimonio vivo reconocido por la Unesco
Además de las danzas mencionadas, el Carnaval integra Mineritos, Potolos, Zampoñeros y coreografías estilizadas.
Asimismo, existen danzas urbanas interpretadas por estudiantes que mantienen viva la tradición.
Por todo ello, el Carnaval de Oruro permanece como una celebración donde mito, leyenda y tradición conviven.













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