Por: Percy Calderon
El Carnaval de Oruro, reconocido por su profunda carga simbólica, se construye sobre una red de mitos, leyendas y tradiciones que preceden a la colonia y que explican el origen de su devoción central: la Virgen del Socavón. Estas narraciones ancestrales conectan a los pueblos originarios, el mundo minero y el sincretismo religioso que hoy define a una de las mayores expresiones culturales de Bolivia.
Las historias se remontan a la presencia de los Urus en la serranía orureña y a la fusión posterior entre sus creencias y el santoral católico impuesto durante la colonización, según registros históricos y testimonios recogidos en investigaciones documentales.
Los Urus y su herencia espiritual en el altiplano
Antes de la llegada europea, los Urus de la serranía desarrollaron un modo de vida nómada que los mantuvo relativamente aislados. No formaron grandes centros urbanos ni templos, pero consolidaron un complejo sistema religioso basado en la relación con la naturaleza.
De acuerdo con investigaciones históricas, practicaban una forma de zoolatría y animismo, con cultos dirigidos a animales considerados sagrados.
Animales sagrados y deidades protectoras
Entre las principales figuras veneradas se encontraban la serpiente, el sapo y el lagarto, asociados a la búsqueda de agua en el árido altiplano. También rendían culto al cóndor, símbolo del sol o del fuego, y a las hormigas.
Estas creencias influyeron de manera directa en la identidad regional y sobrevivieron incluso tras los procesos de evangelización.
El impacto de la colonia y el sincretismo religioso
Con la consolidación del dominio español, la Iglesia católica instauró su santoral en la región. Santos como Santa Bárbara, protectora frente a tormentas eléctricas, y el apóstol Santiago, bajo la advocación de Santiago Matamoros, adquirieron relevancia.
Este proceso no eliminó las creencias originarias. Por el contrario, dio lugar a un sincretismo cultural que se manifestó con fuerza en el ámbito minero.
El dios Wari o Tiw en la tradición minera
Según la tradición, los mineros reconocen la existencia de una deidad que habita en las profundidades de las montañas y que otorga riquezas según su voluntad. Esta entidad recibe los nombres de Wari o Tiw.
Al ingresar a los socavones, los trabajadores dirigen sus peticiones a esta figura, identificada con el antiguo dios Wari de los Urus, en lugar de hacerlo a Dios, debido al contexto simbólico de oscuridad en el interior de la mina.
La leyenda de las cuatro plagas
Una de las narraciones más influyentes vinculadas al Carnaval de Oruro es la leyenda de las cuatro plagas. Según la tradición oral, el dios Wari se sintió celoso por la influencia de los quechuas del imperio incaico y la veneración al dios Inti entre los Urus.
Como castigo, decidió enviar cuatro fuerzas destructoras.
Los castigos enviados por Wari
El mito relata la llegada de una serpiente gigante desde el sur, un sapo desde el norte, un enorme lagarto desde el este y millones de hormigas voraces desde el oeste.
Estas criaturas amenazaban con destruir por completo al pueblo Uru.
La intervención de la ñusta
Ante la inminente tragedia, una ñusta intervino para salvar a los Urus. La tradición sostiene que partió en dos y petrificó a la serpiente, derrotó al sapo y al lagarto con una piedra lanzada por una honda, y aplastó a las hormigas, transformándolas en arena.
Con el tiempo, esta figura protectora fue identificada como la Virgen de la Candelaria, conocida en Oruro como la Virgen del Socavón.
La Virgen del Socavón y la devoción popular
La devoción a la Virgen del Socavón surge en este contexto de mitos, leyendas y tradiciones. Su culto se consolidó como el eje espiritual del Carnaval de Oruro.
Según registros históricos, la peregrinación principal se realiza el Sábado de Carnaval.
Peregrinación, danzas y promesa
Los devotos avanzan hacia el santuario bailando en honor a la Virgen, guiados simbólicamente por el Arcángel Miguel. Al llegar, se postran ante la imagen como señal de fe y agradecimiento.
Esta práctica tiene más de dos siglos de vigencia e involucra a miles de participantes.
Danzas que narran la historia
Diablos, Morenos, Tobas, Tinkus y Caporales, entre otros conjuntos, expresan a través del baile la fusión de herencias indígenas, coloniales y republicanas.
Cada vestimenta y coreografía representa una promesa, una ofrenda o un agradecimiento a la Virgen del Socavón.
Investigación y respaldo de especialistas
Durante las etapas de investigación, filmación y edición de un documental sobre estas tradiciones, se contó con el apoyo de especialistas como el escritor Carlos Condarco Santillán, el periodista Elías Delgado Morales (+), Teresa Lafuente y la licenciada Verónica Vázquez.
También participaron los Siervos de María, la Asociación de Conjuntos Folclóricos de Oruro y la Mesa Redonda Panamericana, representada por la doctora Lidia Leclere Durán, entre otras personalidades. La narración estuvo a cargo del periodista Freddy Silva desde Estados Unidos.
















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