
La reducción sostenida en la producción de gas natural coloca a Bolivia frente a la necesidad de importar Gas Licuado de Petróleo (GLP) desde este año. Así lo advirtió Raúl Velásquez, analista de la Fundación Jubileo, quien señaló que en la última década la producción de gas acumuló una caída del 52%.
Velásquez explicó que la baja en el gas natural afecta directamente la disponibilidad de GLP, un derivado del procesamiento del combustible. “Cuando cae la producción de gas, también cae la producción de GLP. Ese es un problema que venimos arrastrando desde hace una década”, afirmó en entrevista con Unitel.
Contrabando y precios incentivan la escasez de GLP
El problema se ve agravado por el contrabando hacia Perú. La diferencia de precios es un incentivo clave: mientras en Bolivia una garrafa de 10 kilos cuesta Bs 22,50, en zonas fronterizas del país vecino puede superar los Bs 100, e incluso alcanzar Bs 150, según Velásquez.
El analista explicó que el retiro de la subvención al diésel desplazó parte del contrabando hacia el GLP, profundizando la presión sobre el abastecimiento interno. “El principal incentivo para el contrabando es el precio. Esto ya lo vimos con la gasolina y el diésel, y ahora ocurre lo mismo con el GLP”, afirmó.
Propuestas de Jubileo para mitigar la crisis
Desde la Fundación Jubileo recomiendan redirigir las subvenciones para que beneficien a los hogares más vulnerables y reforzar los controles fronterizos. Sin embargo, reconocen que la geografía del altiplano y la extensión de las fronteras hacen complejo el control del contrabando.
Velásquez advirtió que un ajuste brusco del precio del GLP no es viable en el contexto económico actual. La fundación había planteado incrementos graduales anuales para reducir la brecha con los precios internacionales. “Pasar de Bs 22,50 a más de Bs 100 es impensable hoy”, sostuvo.
Perspectivas de mediano plazo y desafíos estructurales
La situación estructural de Bolivia indica que la recuperación de la producción de gas natural requeriría el descubrimiento de al menos tres megacampos, un proceso que podría tardar entre cinco y ocho años. Además, se necesitaría implementar una nueva política hidrocarburífera que atraiga inversión en exploración, según Jubileo.
De no ejecutarse estas medidas, Bolivia no solo tendría que importar GLP desde 2026, sino que también podría verse obligada a importar gas natural a partir de 2028. Velásquez advirtió que “importar GLP subvencionado implicaría repetir el problema fiscal que ya existe con la gasolina y el diésel: comprar a precios internacionales y vender muy por debajo en el mercado interno”.
El analista insistió en que el debate sobre la subvención debe ampliarse más allá de los combustibles líquidos, considerando el impacto fiscal y la sostenibilidad del suministro. Reestructurar los subsidios y reforzar la producción interna son claves para evitar que la dependencia de importaciones se vuelva permanente.









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