

La producción de gas natural en Bolivia sigue en descenso, lo que podría obligar al país a tomar una decisión clave en los próximos años: priorizar la exportación para generar divisas o destinar el recurso al mercado interno, que depende de subsidios. Así lo advirtió Fernando Romero, presidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija, quien alertó sobre la pérdida de rentabilidad del sector debido a la reducción en la producción nacional.
«Para 2029, Bolivia podría verse en la necesidad de decidir entre exportar el gas natural, cuya producción es cada vez menor, o destinarlo al consumo interno, que actualmente es subvencionado», señaló Romero en una entrevista. La advertencia surge en un contexto de drástica caída en las exportaciones del hidrocarburo. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en enero de 2021 Bolivia exportó 853.806 kilogramos de gas natural, con ingresos de 171.663 dólares. Para enero de 2025, el volumen exportado cayó a 235.748 kilogramos, con ingresos de apenas 73.583 dólares.
Pese a este panorama, Romero destacó que el país aún posee «potencial hidrocarburífero», aunque requiere una estrategia adecuada para su aprovechamiento. «Es posible atraer inversiones estratégicas bajo un marco de seguridad económica y jurídica. Con ello, los inversionistas aportarían el capital para la explotación y exportación, mientras que tanto el Estado como los inversores recibirían una participación equitativa», explicó. A su juicio, este enfoque permitiría reactivar la competitividad del sector.
Sin embargo, el economista advirtió que, incluso con nuevos hallazgos como el del campo Mayaya en 2023, los efectos en la producción tardarían al menos cuatro años en materializarse. Por ello, consideró urgente realizar ajustes normativos que permitan mejorar la situación del sector en el corto plazo.
El dilema entre exportar o priorizar el mercado interno no solo tiene implicaciones económicas, sino también sociales. Mientras que la exportación de gas representa una fuente clave de ingresos para el país, el abastecimiento interno garantiza el acceso a energía subsidiada para la población. La decisión que Bolivia tome en los próximos años será determinante para su desarrollo económico y energético.
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