

Nuria González Romero, magistrada del Tribunal Supremo de Justicia, es un referente en la lucha por los derechos humanos y la igualdad de oportunidades. Con una carrera marcada por la defensa incansable de la justicia y la equidad, González ha desafiado estereotipos y abierto puertas que, históricamente, permanecían cerradas para las mujeres. Su trayectoria no solo es un ejemplo de éxito profesional, sino también de compromiso con un trato justo e igualitario, tal como lo establecen los marcos legales nacionales e internacionales.
“Debemos luchar por un acceso igualitario y real a los derechos humanos”, afirma González, quien encarna el espíritu de quienes impulsan un cambio hacia un futuro donde la equidad no sea solo un ideal, sino una realidad palpable.
La brecha de género en los altos cargos
A pesar de los avances, la participación de las mujeres en puestos de decisión máxima sigue siendo un desafío. González señala que, aunque más del 50% de los funcionarios en el ámbito judicial son mujeres, la representación en los cargos más altos es mínima. “La pirámide patriarcal de poder aún existe y se resiste”, lamenta. En la última convocatoria para fiscal general del Estado, por ejemplo, solo una mujer figuró entre los 10 postulantes que llegaron a la Asamblea Legislativa Plurinacional.
González destaca que, aunque las mujeres asumen roles clave en áreas sensibles como el ámbito penal, donde la connotación mediática y social es alta, el camino hacia los espacios de poder sigue siendo estrecho. “Hay que seguir avanzando y trabajando para acceder a esos espacios de poder máximo y exigir las mismas condiciones de trato y equidad”, sostiene.
Una carrera marcada por la meritocracia
Nacida en Cochabamba, González estudió en el Colegio Adela Zamudio, una experiencia que, según ella, fue determinante en su formación y en su compromiso con los derechos de las mujeres. Tras graduarse como abogada en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), inició su carrera en la Corte de Justicia como amanuense, un puesto que le permitió conocer a fondo el funcionamiento del sistema judicial.
Su ascenso profesional fue marcado por la meritocracia y el esfuerzo constante. En 2001, fue nombrada jueza tras la implementación de la Ley 1970, que reformó el Código de Procedimiento Penal. Seis años después, asumió como jueza técnica en una etapa en la que se incorporó la participación de jueces ciudadanos, un proceso que describe como “gratificante” por su aporte a la democratización y transparencia de la justicia.
En 2010, fue designada vocal de la Sala Penal de la Corte Superior de Cochabamba, y en 2014 se convirtió en la segunda mujer en la historia en presidir el Tribunal Supremo de Justicia. Durante su gestión, impulsó avances significativos, como la creación de salas especializadas, la descongestión de las cárceles y la conformación de mesas interinstitucionales para combatir la violencia contra las mujeres y proteger los derechos de la niñez.
Compromiso con la lucha contra la violencia de género
González también destacó en su labor como fiscal departamental en Beni y Cochabamba, donde fortaleció las alianzas interinstitucionales y promovió la implementación de cámaras Gesell y sistemas de atención integral para víctimas de violencia. «El propósito es terminar con ese camino tortuoso para las víctimas», explica, refiriéndose a los esfuerzos por acercar los servicios de justicia a las comunidades.
Equilibrio entre lo personal y lo profesional
La magistrada no solo ha enfrentado desafíos profesionales, sino también personales. Madre de tres hijos, González ha tenido que equilibrar su vida familiar con las exigencias de su cargo. «Considero que tengo una roca sólida en mi matrimonio», afirma, destacando el apoyo de su pareja, con quien lleva 23 años de vida en común. «Fue una de las claves más importantes que me permitió avanzar en mi vida profesional», reconoce.
Un legado de perseverancia y equidad
Nuria González Romero es un ejemplo de cómo la perseverancia, la formación continua y el apoyo familiar pueden romper barreras y abrir caminos para las mujeres en espacios tradicionalmente dominados por hombres. Su lucha por la equidad y la justicia sigue inspirando a quienes buscan un futuro donde los derechos humanos sean una realidad para todos, sin distinción de género.
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