Un equipo de investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología en Suzhou, China, desarrolló chips de computación flexibles inspirados en el cerebro humano, fabricados con tintas líquidas a temperatura ambiente. El sistema combina procesamiento rápido, capacidad de degradación controlada y resultados cercanos a los obtenidos por hardware convencional.
La tecnología consiste en sinapsis artificiales impresas sobre una lámina flexible de poliimina. A diferencia de los semiconductores tradicionales, el proceso prescinde de cámaras de vacío extremo, metales raros e infraestructuras industriales de alto costo energético.
Para comprobar su capacidad en aplicaciones reales, los investigadores fabricaron una matriz de 10 por 10 sinapsis artificiales y la sometieron a pruebas de reconocimiento de números manuscritos. El dispositivo alcanzó una precisión del 97,23%, próxima al 99,24% registrado por software estándar en ordenadores convencionales.
Chips de computación flexibles
El desarrollo busca replicar una de las principales ventajas del cerebro humano: procesar y almacenar información en un mismo espacio físico. Ese enfoque reduce la necesidad de transferir datos de forma continua entre unidades separadas de memoria y procesamiento.
Los investigadores destacan que el nuevo hardware demuestra la viabilidad de construir sistemas neuromórficos de alto rendimiento mediante técnicas de impresión. El método utiliza tintas líquidas aplicadas a temperatura ambiente, sin recurrir a procesos habituales de fabricación de semiconductores que demandan elevados recursos energéticos.
Fabricación escalable
Las pruebas también mostraron resistencia mecánica. Las capas funcionales continuaron operando después de 200 ciclos de flexión sobre una curvatura de cinco milímetros.
Al finalizar su vida útil, el dispositivo puede descomponerse mediante una solución química especial a temperatura moderada. El proceso disuelve la estructura y la base polimérica en aproximadamente seis minutos, dejando únicamente un residuo inerte mínimo.
Según el equipo, la producción de estos chips de computación flexibles puede adaptarse a escala industrial mediante técnicas convencionales de recubrimiento por pulverización e impresión por chorro de tinta. Esta característica abre la posibilidad de fabricar hardware inspirado en el cerebro sin depender de las instalaciones multimillonarias empleadas por la industria tradicional de semiconductores.






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