El boliviano registró una devaluación del 72 % durante el primer mes del régimen de tipo de cambio oficial flexible, de acuerdo con el análisis del economista Fernando Romero, quien sostiene que la medida permitió transparentar el mercado cambiario, pero no resolvió los desequilibrios estructurales que mantienen la presión sobre el dólar.
El análisis de Romero compara el último tipo de cambio del régimen fijo, de Bs 6,86 por dólar, con la cotización oficial de Bs 11,80 fijada para el 29 de julio bajo el nuevo esquema flexible. Además, señala que el dólar oficial pasó de Bs 9,73 el 29 de junio a Bs 11,80 un mes después, equivalente a una depreciación cercana al 21 % dentro del nuevo régimen.
El economista considera que la flexibilización cambiaria corrigió una distorsión administrativa al acercar el tipo de cambio oficial al valor observado en el mercado, reduciendo parte de la brecha existente y mejorando la transparencia del sistema. Sin embargo, advierte que la medida no elimina por sí sola las causas que originaron la crisis cambiaria.
Desequilibrios estructurales
Según Fernando Romero, el incremento del dólar responde al persistente desequilibrio entre la oferta y la demanda de divisas. El economista explica que la reducción de los ingresos por exportaciones de gas natural y de la inversión extranjera coincidió con una demanda creciente de dólares para importaciones, ahorro, turismo, remesas y pago de deuda externa.
Romero añade que las expectativas de inflación, nuevas devaluaciones y dificultades fiscales impulsan a empresas y familias a refugiarse en la divisa estadounidense. A su juicio, el déficit fiscal, la desaceleración económica, el aumento de la deuda pública y la limitada disponibilidad de divisas fortalecen esa demanda precautoria.
El análisis también destaca que, aunque las Reservas Internacionales alcanzan aproximadamente 3.659 millones de dólares, solo 606 millones corresponden a divisas líquidas disponibles para intervenir en el mercado cambiario. Para Romero, esta situación limita la capacidad inmediata del Banco Central de Bolivia para contener episodios de elevada volatilidad.
Empresas, familias y Estado
Fernando Romero identifica a las empresas que dependen de insumos y bienes importados entre los sectores más afectados por la devaluación. La industria manufacturera, farmacéutica, automotriz, la construcción, el comercio mayorista, la tecnología y las telecomunicaciones registran un incremento de costos, mientras las obligaciones financieras en dólares elevan su carga medida en bolivianos.
El economista también sostiene que las familias enfrentan un mayor costo de vida debido al encarecimiento de medicamentos, alimentos procesados, equipos electrónicos, repuestos, electrodomésticos y otros productos importados. A ello se suma el impacto sobre el sector público, que debe afrontar un mayor costo del servicio de la deuda externa y de las importaciones estratégicas.
Respecto a los próximos seis meses, Fernando Romero prevé que el tipo de cambio continuará expuesto a episodios de volatilidad mientras persistan el déficit fiscal, la escasez de divisas y el bajo crecimiento económico. En su evaluación, la estabilidad dependerá de fortalecer las reservas internacionales, recuperar la confianza, incrementar las exportaciones y atraer inversión, además de aplicar un programa integral de estabilización macroeconómica.




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