El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este lunes una advertencia directa contra Irán: ordenará ataques sobre su infraestructura energética e hídrica si no se alcanza un acuerdo “en breve” y no se reabre el estrecho de Ormuz al tráfico comercial.
El mensaje, publicado en Truth Social, surge en medio de una escalada del conflicto en Medio Oriente y en un contexto de tensiones crecientes por el bloqueo iraní del estrecho, clave para el suministro global de petróleo.
Amenaza directa a instalaciones estratégicas iraníes
Trump detalló los posibles objetivos militares en territorio iraní. Entre ellos mencionó plantas eléctricas, pozos petroleros y la isla de Kharg, principal terminal de exportación de crudo del país.
También incluyó las plantas desalinizadoras, fundamentales para el abastecimiento de agua. Según sus propias palabras, su administración ha preservado estas infraestructuras “deliberadamente” hasta ahora, lo que refuerza el tono de ultimátum.
El mandatario justificó la amenaza como represalia por lo que calificó como décadas de ataques contra intereses estadounidenses. “Esto será en retribución por nuestros muchos soldados”, escribió.
Kharg, un objetivo estratégico recurrente
La isla de Kharg no es un objetivo nuevo en la retórica de Trump. En marzo, tras anunciar bombardeos en la zona, decidió no atacar la infraestructura petrolera.
En ese momento, explicó que su destrucción implicaría años de reconstrucción. Sin embargo, la advertencia actual marca un cambio de postura y una intensificación del discurso.
Negociaciones inciertas y cambio de régimen
Trump enmarcó su ultimátum dentro de supuestas negociaciones con lo que describió como un “nuevo y más razonable régimen” en Teherán. Aseguró que se ha logrado “gran progreso”, aunque no precisó interlocutores.
En declaraciones previas, incluso sugirió que ya ocurrió un cambio de liderazgo tras la muerte del líder supremo Ali Khamenei al inicio del conflicto. Según dijo, su hijo Mojtaba asumió el poder.
No obstante, la falta de claridad sobre los canales diplomáticos genera dudas sobre el estado real de las conversaciones.
Impacto global: petróleo y comercio en riesgo
El contexto económico añade presión al conflicto. Irán mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz desde el inicio de las hostilidades, lo que elevó el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril.
Este paso marítimo resulta crucial para el comercio energético global. Su cierre genera incertidumbre en los mercados internacionales.
Trump afirmó que Irán permitirá el paso de 20 buques petroleros, aunque no detalló condiciones ni plazos.
Escalada militar y advertencias cruzadas
La tensión también se refleja en el terreno militar. Irán e Israel intercambiaron bombardeos este lunes, en un conflicto que supera ya un mes desde su inicio el 28 de febrero.
El canciller iraní, Abbas Araghchi, respondió a las amenazas y aseguró que Teherán atacará instalaciones de empresas estadounidenses en la región si fuerzas externas golpean su infraestructura energética.
Además, según reportes de The Washington Post, el Pentágono evalúa operaciones terrestres limitadas con fuerzas especiales. Estas acciones no implican una invasión a gran escala, pero sí contemplan incursiones prolongadas.
Un buque anfibio con unos 3.500 marines ya llegó a la región, lo que incrementa la presión militar.
Diplomacia en marcha para evitar una escalada mayor
En paralelo, varios países intentan contener el conflicto. Cancilleres de Turquía, Pakistán, Egipto y Arabia Saudita se reunieron en Islamabad para explorar salidas diplomáticas.
El ministro pakistaní, Ishaq Dar, ofreció mediar y acoger conversaciones entre Washington y Teherán.
Sin embargo, el conflicto ya se extiende más allá de Irán. En Líbano, los ataques han dejado más de 1.200 muertos desde marzo, según datos reportados, mientras que la misión de la ONU UNIFIL confirmó la muerte de un casco azul indonesio.




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