Por: Ramiro Echazú
En la ciudad de Sucre, capital constitucional de Bolivia, existe un lugar único dedicado al arte del bonsái. Allí funciona el Centro Cultural del Bonsái, el vivero especializado más grande del país.
En este espacio se conservan más de 4.000 árboles bonsái. Por ello, el lugar se ha convertido en un referente para los amantes de este arte milenario.
La responsable del proyecto es Susi Sandoval de Lagrava. Desde hace más de 25 años, ella impulsa el cultivo y la difusión del bonsái en Bolivia.
Un bosque en miniatura en la capital del país
El centro reúne alrededor de 240 variedades de árboles. Algunas especies son nativas y otras provienen de distintas partes del mundo.
Entre los ejemplares destacan:
- Ficus
- Acacias
- Piracantos
- Olivos
- Arces
- Especies frutales
- Árboles nativos como molles, arrayanes y tarcos
Además, muchos bonsáis tienen entre 20 y 40 años de antigüedad. Por lo tanto, cada árbol refleja décadas de cuidado y formación.
Los cultivadores trabajan cada ejemplar con técnicas específicas. Primero realizan podas. Luego moldean las ramas con alambre. Finalmente controlan el crecimiento de las raíces.
De esta manera logran árboles pequeños que conservan la apariencia de uno que crece en la naturaleza.
Un arte milenario que requiere paciencia
El bonsái nació en China y luego fue perfeccionado en Japón. Con el tiempo, esta práctica se expandió a diferentes países.
El objetivo es cultivar árboles en macetas pequeñas. Sin embargo, el proceso exige paciencia y dedicación.
Un bonsái puede tardar décadas en alcanzar su forma definitiva. Por esa razón, muchos cultivadores consideran esta práctica un verdadero arte.
Según explica Susi Sandoval de Lagrava, el bonsái también aporta bienestar.
“El bonsái transmite tranquilidad y equilibrio. Además, los árboles pueden acompañar a una familia durante generaciones”, afirma.
Un espacio cultural abierto a la población
El Centro Cultural del Bonsái de Sucre también cumple una función educativa. Allí se realizan visitas guiadas, exposiciones y talleres.
Uno de los programas más conocidos se llama “Quiero plantar mi primer bonsái”. Este taller está dirigido a niños y jóvenes.
El objetivo es despertar el interés por la naturaleza. Al mismo tiempo, se busca enseñar paciencia y cuidado por las plantas.
Además, el ingreso al centro es gratuito. De esta manera, más personas pueden conocer este arte y disfrutar del espacio natural.
Un referente nacional del bonsái
Con el paso de los años, el proyecto creció de forma constante. Hoy el centro reúne miles de árboles y distintas técnicas de cultivo.
Gracias al trabajo de Susi Sandoval de Lagrava, Sucre cuenta con el vivero de bonsáis más grande de Bolivia.
En medio de jardines, cascadas y pequeños paisajes, el lugar ofrece una experiencia diferente. Allí, un bosque en miniatura demuestra que la naturaleza también puede crecer a pequeña escala.





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