El nevado Illimani perdió el 59% de su cobertura de hielo entre 1975 y 2024, una reducción que evidencia el retroceso de los glaciares en Bolivia. El glaciólogo Edson Ramírez alertó que varios glaciares pequeños podrían desaparecer en las próximas dos décadas por el aumento de las temperaturas y los eventos climáticos extremos.
Las investigaciones científicas muestran que la pérdida de hielo en el Illimani se intensificó durante el periodo analizado. Entre 1975 y 2009, el nevado había perdido el 38% de su superficie glaciar; para 2024, la reducción alcanzó el 59%.
Los resultados proceden de mediciones en terreno, imágenes satelitales, fotografías aéreas y vuelos geodésicos utilizados para evaluar los cambios en la cobertura de hielo.
El deshielo del Illimani
Ramírez advirtió que las olas de calor asociadas a fenómenos extremos, como El Niño, pueden provocar pérdidas considerables de hielo en periodos breves. Durante estos episodios, las temperaturas pueden superar entre dos y tres grados los valores medios habituales.
El especialista señaló que algunos glaciares pueden perder hasta un metro de espesor en un mes, mientras que en otros se han registrado reducciones de hasta cuatro metros durante ese periodo.
La situación es especialmente preocupante para los glaciares pequeños situados por debajo de los 5.300 a 5.400 metros sobre el nivel del mar, cuya desaparición podría producirse en los próximos 20 años.
Según Ramírez, la línea de equilibrio glaciar se encuentra actualmente alrededor de los 5.400 metros. Por debajo de esa altitud, los glaciares tienden a perder hielo progresivamente cuando acumulan menos del que pierden.
Agua y ecosistemas
El retroceso glaciar altera los ecosistemas de montaña y modifica la circulación del agua. Aunque los glaciares aportan cerca del 10% del abastecimiento hídrico urbano, las precipitaciones constituyen la principal fuente de agua para las represas.
Los glaciares también almacenan temporalmente agua y la liberan de forma gradual. Su desaparición puede favorecer una escorrentía más directa y aumentar el transporte de sedimentos durante tormentas intensas.
Ramírez señaló que en Bolivia todavía no se han identificado zonas de alto riesgo vinculadas a desprendimientos o rupturas de embalses naturales asociados a cambios glaciares. Sin embargo, advirtió que la pérdida de equilibrio de masa vuelve irreversible el retroceso de los glaciares afectados.






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