Raisa Bellido C.
Antes de que los primeros rayos de sol logren filtrarse a través de las copas de los imponentes almendrillos y los históricos árboles de bibosi, la localidad de Tumupasa ya ha comenzado su jornada. El rumor cotidiano de las motocicletas sobre las calles de tierra batida y el característico canto de tojos y loros marcan el inicio del día. Hombres y mujeres se dirigen con paso firme hacia sus cultivos familiares (chacos), mientras los jóvenes se alistan para acudir a las aulas y los primeros viajeros desembarcan provenientes de San Buenaventura.
A simple vista, podría parecer un asentamiento amazónico más, pero detrás de su aparente letargo se resguarda uno de los bastiones territoriales más importantes del departamento de La Paz y el principal escudo ecológico del Parque Nacional Madidi, una de las áreas protegidas de mayor biodiversidad en todo el planeta.
Situada a 53 kilómetros de San Buenaventura, Tumupasa constituye el umbral de entrada al corazón de la selva boliviana. En este rincón, el manejo sostenible del bosque no es un concepto moderno, sino el motor de subsistencia diaria de cientos de familias pertenecientes al pueblo indígena Tacana. Funciona como un nexo geográfico, social y cultural que articula a poblaciones hermanas como Ixiamas y San Buenaventura, donde aún perviven prácticas agrícolas milenarias, la recolección silvestre y una profunda medicina herbolaria de origen selvático.
La vida que nace del bosque
En este territorio, la naturaleza no ejerce un papel de simple decoración o paisaje de fondo; constituye el eje vertebrador de toda la vida comunitaria. El amanecer dictamina una rutina transmitida por generaciones de padres a hijos. Mientras un sector de la comunidad se adentra en el monte para labrar la tierra, otros alistan sus redes para la pesca artesanal o caminan en busca de miel silvestre, resinas, frutos de temporada y plantas medicinales, respetando rigurosamente los ciclos naturales de regeneración forestal.
La economía de las familias tacanas se ha edificado históricamente sobre este vínculo íntimo de reciprocidad con el entorno. En los chacos convive una rica variedad de cultivos de subsistencia: yuca, plátano, arroz, maíz y una amplia gama de frutas exóticas que aseguran la alimentación interna y dinamizan los mercados de la región. Asimismo, la caza controlada de subsistencia y la pesca artesanal siguen siendo pilares fundamentales de la nutrición familiar.
Ubicación de Tumupasa en el municipio de San Buenaventura, departamento de La Paz.
No obstante, la comunidad ha comenzado a escribir un nuevo capítulo en su historia económica mediante el turismo comunitario. Esta alternativa ha emergido como una opción de desarrollo sostenible que genera recursos económicos directos sin necesidad de derribar árboles ni alterar la fragilidad ecológica del territorio. Para los tacanas, el turismo representa una ventana para compartir su cosmovisión y demostrar empíricamente que el bosque en pie es significativamente más valioso que talado.
Población de Tumupasa (según censos INE)
| Según los datos del INE (Censos 1992, 2001 y 2012) y registros municipales: | |
| Año | Población |
| 1992 | 876 habitantes |
| 2001 | 936 habitantes |
| 2012 | 1.827 habitantes |
Educar para partir… y volver
La educación formal es altamente valorada en Tumupasa, posicionándose como uno de los principales centros formativos del municipio de San Buenaventura. Niños y jóvenes de múltiples comunidades indígenas aledañas convergen en sus aulas con la esperanza de ampliar sus horizontes de vida sin fracturar su identidad cultural de origen.
Los indicadores sociales del Plan de Desarrollo Municipal de San Buenaventura y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) demuestran notables avances relativos en esta materia: la tasa de alfabetización en mayores de 15 años alcanza el 96 %, la asistencia escolar regular de niños y adolescentes ronda el 86 %, y el promedio general de escolaridad supera los ocho años de formación académica.
A pesar de estos avances, el camino para los jóvenes no está exento de duras barreras económicas. La falta de infraestructura formativa superior obliga a muchos egresados a migrar temporalmente hacia centros urbanos de mayor envergadura como Rurrenabaque, La Paz, El Alto, Trinidad o Cochabamba para cursar estudios técnicos o universitarios. Aunque el éxodo rural es una realidad, el retorno sigue siendo una promesa latente: muchos de estos profesionales regresan con conocimientos actualizados para potenciar el desarrollo técnico, organizativo y de salud de su propio pueblo.
La identidad que permanece
Frente al paso del tiempo y las presiones externas, Tumupasa mantiene con firmeza sus sistemas tradicionales de autogobierno. Sus líderes y autoridades territoriales son electos a través de normas y procedimientos propios fundamentados en la democracia comunitaria, un derecho de autodeterminación plenamente amparado por la Constitución Política del Estado.
Corregimiento territorial, Tumupasa
El idioma español predomina en las actividades administrativas, escolares y cotidianas de los niños y jóvenes, pero la lengua Tacana resiste en la memoria y en el habla de los abuelos y sabios comunitarios, quienes se esfuerzan por transmitirla de manera oral mediante narrativas históricas, cantos rituales y consejos diarios.
Este equilibrio entre la modernidad y la tradición se ve reflejado de forma nítida en el trazado de sus hogares: amplios patios de tierra, viviendas de madera y cubiertas de calamina conviven estrechamente con la paulatina llegada de servicios básicos. Aunque la mayor parte del pueblo cuenta con energía eléctrica, los cortes y las fluctuaciones siguen siendo habituales; la cobertura de agua potable avanza de manera progresiva, mientras que el acceso a la telefonía móvil y al internet de banda ancha continúa siendo limitado en la inmensidad de la Amazonía.
La salud también se cultiva
Las carencias en materia de infraestructura sanitaria constituyen uno de los mayores desafíos en la región. El puesto de salud de Tumupasa resuelve únicamente la atención primaria y básica, forzando a los pacientes en estado crítico a ser trasladados por precarios caminos terrestres hacia los hospitales de San Buenaventura o Rurrenabaque, y, en los casos de alta complejidad, hasta centros de tercer nivel en la ciudad de La Paz. La escasez de especialistas y de insumos farmacéuticos básicos es una constante de preocupación colectiva.
Para paliar estas deficiencias, el pueblo tacana recurre habitualmente a su vasto arsenal de medicina tradicional. El conocimiento preciso sobre las propiedades terapéuticas de las plantas medicinales y cortezas de la selva es transmitido celosamente en el seno de los hogares. Para la cosmovisión local, la salud integral de la persona es indisociable de la salud del ecosistema: la conservación estricta del territorio se entiende como el único camino para garantizar el bienestar de las futuras generaciones.
La cultura Tacana
Tumupasa es catalogada de forma unánime como la cuna histórica del pueblo Tacana. Mucho antes del trazado de los mapas republicanos o la apertura de las primeras rutas viales terrestres, esta cultura ya habitaba y administraba la cuenca amazónica bajo una premisa fundamental: la coexistencia armónica y el respeto absoluto por los seres que pueblan el monte.
En este asentamiento persisten prácticas agrícolas tradicionales de alta conservación genética, donde se cultivan variedades locales de yuca, maíz, cacao y plátano que garantizan la soberanía alimentaria familiar sin alterar el suelo selvático. Diversas investigaciones científicas independientes han evidenciado sistemáticamente que los bosques mejor conservados y con menores índices de deforestación de toda Bolivia coinciden, de manera directa, con aquellos territorios indígenas manejados bajo las pautas ancestrales y de gobernanza colectiva de pueblos como el Tacana.
Cuando la selva y el ecosistema se ven amenazados
El acelerado avance de la minería de oro aluvial ilegal en la cuenca norte del departamento de La Paz ha ensombrecido la tranquilidad histórica de Tumupasa. Esta actividad extractivista genera una enorme preocupación en las familias y en las organizaciones territoriales debido a la contaminación sistemática de los ríos con mercurio, un metal pesado de alta toxicidad que ingresa directamente en la cadena alimentaria mediante la pesca y destruye la potabilidad de las fuentes hídricas locales.
La apertura descontrolada de sendas mineras ilegales, la deforestación mecanizada y los recurrentes incendios forestales presionan gravemente las fronteras del territorio tacana. Para las comunidades locales, la resistencia frente a este modelo destructivo trasciende el activismo ambiental abstracto: se trata de una lucha concreta de derechos humanos y supervivencia física. Defender el acceso al agua potable, a la tierra libre de tóxicos y asegurar la herencia ecológica de los hijos se ha convertido en una acción de resistencia diaria.
Conservar desde el territorio
La experiencia empírica ha demostrado que los modelos de preservación ambiental dictados únicamente de forma unilateral por el Estado suelen resultar insuficientes si no se involucra activamente a los habitantes originarios. Hoy en día, los territorios indígenas con sólida gobernanza local representan el escudo más eficiente contra los procesos acelerados de deforestación y cambio de uso de suelo en la Amazonía.
En Tumupasa, esta práctica se vive de forma cotidiana: limitando la extracción comercial de madera, respetando escrupulosamente los ciclos reproductivos de la fauna local, evitando el sobreaprovechamiento de recursos y salvaguardando las cabeceras de agua dulce. Esta labor silenciosa de resistencia territorial ha adquirido un rostro marcadamente femenino en los últimos años.
Las mujeres que decidieron defender la vida
Mientras amplios sectores de la Amazonía boliviana sufren pérdidas irreversibles de biodiversidad e incendios forestales masivos, una organización autogestionada de mujeres indígenas de Tumupasa ha diseñado una propuesta económica alternativa. Se han propuesto demostrar que la protección rigurosa del bosque nativo puede convertirse en un motor de ingresos justos, empoderamiento de género y revitalización de la identidad cultural tacana.
El liderazgo de las mujeres indígenas
El Consejo Indígena del Pueblo Tacana (CIPTA) agrupa a más de 20 comunidades de la provincia Abel Iturralde en la defensa de su territorio ancestral. Bajo esta estructura organizativa, en 1996 se constituyó formalmente el Consejo Indígena de Mujeres Tacanas (CIMTA), un espacio clave que busca consolidar el liderazgo femenino indígena en los procesos locales de toma de decisiones y salvaguardar los derechos de las mujeres tacanas en un entorno históricamente patriarcal y con limitadas oportunidades formativas.
En este escenario nace el colectivo Guardianas del Bosque, integrado actualmente por 20 mujeres de entre 18 y 80 años de edad. Su legitimidad organizativa no emana de nombramientos partidarios, sino de su profundo conocimiento sobre los ciclos ecológicos del monte, el uso tradicional de plantas medicinales y el firme compromiso con el bienestar de sus comunidades.
La actual presidenta de la organización es Lis Vargas, una joven licenciada en Turismo que retornó de Cochabamba decidida a aplicar sus herramientas profesionales en beneficio directo de su pueblo. Vargas es nieta del célebre sabio de la Nación Tacana, Rogelio Chuqui (quien ostenta el título de Doctor Honoris Causa otorgado por la Universidad Mayor de San Andrés en mérito a su la defensa de la medicina tradicional), representando un puente generacional e interdisciplinar entre el rigor académico y los saberes tradicionales de la selva.

Guardianas del Bosque: María Chipunavi, Julia Queteguari, Lidia Chao, Esperanza Amutari
y Berónica Marupa.
El turismo regenerativo como alternativa económica
Frente al desgastado paradigma extractivista que concibe a la Amazonía exclusivamente como una cantera inagotable de materias primas (madera, oro y tierras de cultivo extensivo), las Guardianas del Bosque promueven un modelo de turismo regenerativo y vivencial. Su propuesta busca que el visitante no se limite a contemplar la naturaleza como un espectador pasivo, sino que se involucre activamente en su preservación, comprendiendo que cada árbol y sendero resguarda la historia viva de una comunidad que los ha protegido durante siglos.
Cuatro rutas que cuentan una historia
La oferta turística comunitaria diseñada por las Guardianas del Bosque se estructura formalmente en cuatro recorridos temáticos de alto valor cultural:
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La ruta del Huiñapo: Una inmersión profunda en el proceso tradicional del maíz germinado, elemento sagrado en la cosmovisión tacana. Los visitantes participan activamente en las fases de cosecha, molienda a leña y elaboración de la bebida tradicional, pudiendo adquirir al cierre del trayecto productos alimenticios de manufactura local.
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Desgranado de maíz. Proceso de elaboración. Compartiendo con visitantes.
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La ruta del Ataruro: Consiste en una caminata guiada hacia los yacimientos de arcilla sagrada. De la mano de la artesana comunitaria Margarita Quenevo, el turista participa en un ritual ancestral de agradecimiento a la Madre Tierra antes de extraer el material, el cual posteriormente es empleado en un taller práctico de alfarería tradicional tacana.

Ataruro, recién extraído del cerro. Proceso de elaboración de artesanía con Ataruro.
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La ruta del Caquiahuaca: Un trekking de ascenso hacia el cerro considerado el gran guardián espiritual de Tumupasa. Durante el ascenso, las guías locales realizan una interpretación detallada de la botánica medicinal del bosque. Al finalizar, cada turista tiene la obligación ética de sembrar un plantín forestal de utilidad colectiva para la comunidad.

Vista de la cima. Interpretación de plantas del bosque.
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La ruta del Dunucuabi y Pescado a la Tacuara: Una experiencia gastronómica nativa que enseña el respeto ecológico en la cocina. El visitante aprende las técnicas tradicionales de sazonado y envoltura de pescado fresco de río en hojas de plátano (dunucuabi) o en cañas de azúcar (pescado a la tacuara), cocidos de manera natural al carbón y acompañados de yuca y arroz local.


Proceso de elaboración. Dunucuabi. Pescado a la tacuara.
Las Guardianas del Bosque y la tecnología
A pesar de la brecha de conectividad física, las Guardianas han incorporado de manera estratégica el uso de herramientas tecnológicas avanzadas. Bajo la vicepresidencia de Berónica Marupa, el colectivo autogestiona el uso de correos electrónicos corporativos, coordina reuniones mediante plataformas virtuales y administra perfiles de difusión cultural en Facebook, Instagram y TikTok.
Esta apropiación tecnológica se realiza sin alterar su arraigo originario. Las jóvenes del colectivo utilizan sus dispositivos móviles para documentar visualmente el uso de la medicina herbolaria de los abuelos, promocionar de forma directa sus rutas turísticas o emitir alertas y denuncias ambientales colectivas ante el avance de las presiones mineras externas. La tecnología se sitúa así como una extensión de su estrategia de soberanía territorial.
Logros de las Guardianas
Este esfuerzo autogestionado ha cosechado importantes reconocimientos públicos a nivel nacional. La iniciativa de las Rutas Turísticas Tacanas obtuvo el meritorio segundo lugar en el concurso nacional «Raíz Creativa» de narrativas y productos sostenibles de la Amazonía.
Gracias a esta distinción, una delegación del colectivo —encabezada por Berónica Marupa— participó con un concurrido stand de venta directa de café, cacao procesado, chivé y artesanías en el prestigioso festival «Somos Bosques 2026» en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Su labor no busca la fama de las plataformas digitales, sino consolidar de manera tangible una red de apoyo internacional y local que les permita proteger, día con día, el asombroso entorno que heredaron de sus mayores.

Guardianas del Bosque: Berónica y Enny.







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