El conflicto en Oriente Medio ha generado un shock energético que llevó al Banco Mundial a reducir su previsión de crecimiento global para 2026 al 2,5%, mientras organismos internacionales advierten que las economías en desarrollo afrontan los mayores riesgos por el aumento de los costos de energía, transporte y alimentos.
El Banco Mundial atribuye el deterioro de las perspectivas económicas al cierre del estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio petrolero internacional. La entidad estima que la expansión global será menor que el 2,9% registrado el año anterior.
Ayhan Kose, subdirector del organismo, presentó un escenario en el que cerca de dos tercios de las economías del mundo enfrentarán una desaceleración. El crecimiento proyectado para 2026 se ubica en su nivel más débil fuera de períodos de recesión en casi dos décadas.
Volatilidad tras el shock energético global
El Fondo Monetario Internacional observa una disminución reciente de los precios de la energía y otras materias primas tras el alto el fuego y la reapertura del estrecho. Sin embargo, la institución considera que la normalización de las cadenas de suministro y de los costos logísticos requerirá más tiempo.
Julie Kozack, portavoz del FMI, remarcó que el impacto económico continúa desarrollándose. La volatilidad persiste en los mercados pese a la reducción de algunas presiones inmediatas sobre los precios.
Economías vulnerables enfrentan mayor presión
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo identificó 61 economías altamente expuestas por su dependencia de las importaciones de petróleo y cereales. Entre ellas figuran 35 países menos adelantados.
El organismo calcula que las naciones más vulnerables podrían asumir hasta 20.000 millones de dólares adicionales al año en gastos de importación. Marcelo Risi, portavoz de la UNCTAD, advirtió que las consecuencias económicas no desaparecen con la reapertura de Ormuz.
El encarecimiento de la energía también repercute en los alimentos. La UNCTAD señala que un incremento del 5% en los precios reales de los alimentos aumenta en 15% el riesgo de desnutrición aguda entre niños de hogares pobres.
En África subsahariana, el Banco Mundial proyecta un crecimiento del 4%, aunque prevé presiones inflacionarias derivadas del aumento de los costos de transporte y fertilizantes. Los gobiernos de la región disponen de escaso margen fiscal para aplicar medidas de apoyo sin comprometer sus finanzas.
(Con información de agencias)




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