El líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, aseguró este jueves que su país impondrá una nueva “gestión” del estrecho de Ormuz sin presencia de Estados Unidos. La declaración llega en medio de un pulso geopolítico que mantiene bloqueado el tránsito marítimo y presiona al alza los precios del petróleo.
Teherán también advirtió que el bloqueo naval impuesto por Washington está “condenado al fracaso”, pese a que la medida se mantiene desde mediados de abril. La tensión persiste a pesar del alto el fuego vigente desde el 8 de abril y del estancamiento en las negociaciones entre ambos países.
Irán anuncia nueva gestión del estrecho de Ormuz
Jamenei afirmó que se abre “un nuevo capítulo” en el golfo Pérsico, tras lo que calificó como la derrota de los planes estadounidenses en la región. Según su mensaje, Irán avanzará hacia un control reforzado del estrecho de Ormuz, una vía clave por donde transitaba cerca del 20% del petróleo mundial antes del conflicto.
El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, respaldó esta postura. En una publicación en X, afirmó que la gestión del estrecho permitirá construir un futuro “libre de la injerencia de Estados Unidos”.
Por su parte, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, reiteró que cualquier intento de bloqueo marítimo fracasará. Estas declaraciones refuerzan la línea dura de Teherán frente a la presión internacional.
Estados Unidos mantiene bloqueo y evalúa extenderlo
Washington sostiene que su estrategia está dando resultados. Según fuentes estadounidenses, decenas de petroleros permanecen bloqueados en puertos iraníes, lo que limita la capacidad exportadora del país.
El presidente Donald Trump considera prolongar el bloqueo “durante meses si fuera necesario”. En declaraciones a Axios, afirmó que la operación naval está “asfixiando” a Irán. Además, espera un informe del almirante Brad Cooper sobre posibles nuevas acciones militares en la región.
Israel, aliado de Estados Unidos, también elevó el tono. Autoridades israelíes señalaron que podrían “actuar nuevamente” para evitar que Irán recupere capacidad de amenaza.
Impacto en el mercado: el petróleo se dispara
La crisis en el estrecho de Ormuz ha tenido un efecto inmediato en los mercados energéticos. El barril de Brent superó los 126 dólares, su nivel más alto desde 2022, según datos del mercado. Posteriormente, retrocedió hasta los 113 dólares ante expectativas de mejora a corto plazo.
Este repunte refleja la importancia estratégica de la ruta marítima, clave para el suministro global de hidrocarburos. La reducción del tráfico ha generado incertidumbre en la oferta energética mundial.
Riesgos para la economía global y advertencias internacionales
El director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, advirtió que el mundo enfrenta “la crisis energética más grave de su historia”. Según su análisis, los mercados del petróleo y gas atravesarán “graves dificultades”.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, alertó sobre el “estrangulamiento” de la economía global. En la misma línea, el Banco Central Europeo advirtió un aumento de los riesgos inflacionarios y una desaceleración del crecimiento en la eurozona.
Contexto del conflicto y presión interna
El conflicto comenzó el 28 de febrero tras ataques israeloestadounidenses que derivaron en una guerra regional. Aunque existe un alto el fuego parcial, la situación sigue siendo volátil.
Dentro de Irán, la población enfrenta un deterioro económico y una moneda debilitada. Testimonios recogidos por AFP reflejan angustia y desmoralización entre los ciudadanos.
Analistas internacionales, como Danny Citrinowicz del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Tel Aviv, consideran que una escalada militar no forzará la capitulación iraní. Según su evaluación, los ataques prolongados no han logrado cambiar la postura de Teherán.
Escenario regional: violencia persistente en Líbano
En paralelo, el frente libanés continúa activo. Autoridades locales reportaron la muerte de nueve personas, incluidos dos niños, en ataques israelíes recientes. Desde marzo, el conflicto ha dejado más de 2.500 muertos y más de un millón de desplazados.
El ejército israelí confirmó además la muerte de un soldado en combate, el cuarto desde el alto el fuego del 17 de abril. Mientras tanto, civiles libaneses protestan en Beirut contra la destrucción de sus comunidades.




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