
El Gobierno de Bolivia planteó en Estados Unidos un giro en su relación con los organismos multilaterales. La administración sostiene que la asistencia internacional debe darse sin “recetas preconcebidas” y con un rol renovado para el Fondo Monetario Internacional (FMI), al que propone como “estabilizador de última instancia”.
El mensaje fue expuesto por el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, durante las Reuniones de Primavera 2026 del FMI y del Grupo Banco Mundial, realizadas en Washington entre el 13 y el 18 de abril. Allí, Bolivia defendió un proceso de transición económica tras casi dos décadas de un modelo que, según el Gobierno, dejó desequilibrios estructurales y contribuyó a la crisis actual.
Giro económico de Bolivia en Washington
La delegación boliviana llevó a Washington una narrativa centrada en la transformación del modelo económico. Según el ministro Espinoza, el país atraviesa una etapa de transición que requiere acompañamiento internacional, pero sin condiciones rígidas aplicadas de forma uniforme.
El planteamiento oficial enfatiza que cada economía tiene particularidades propias. En ese marco, el Gobierno considera que los marcos de política económica deben primar sobre las recetas estandarizadas. La prioridad, según el ministro, es proteger el crecimiento en un contexto de ajuste estructural.
Espinoza difundió estos criterios en declaraciones públicas y redes sociales, donde insistió en que el mayor riesgo actual es la pérdida de dinamismo económico durante la transición.
FMI como estabilizador de última instancia
Uno de los ejes centrales de la posición boliviana es la redefinición del papel del FMI. El Gobierno plantea que el organismo no solo actúe como prestamista en crisis, sino como un estabilizador de última instancia para apoyar procesos de transición económica.
El ministro de Economía sostuvo que ningún país puede superar de forma aislada una crisis de este tipo. En esa línea, afirmó que el FMI podría desempeñar un rol más amplio en la región, facilitando el paso desde la resiliencia hacia el crecimiento sostenible.
La propuesta se da en un contexto histórico de relación compleja con el organismo, conocido por vincular su asistencia a programas de ajuste estructural.
Créditos, reformas y ajuste del modelo económico
En paralelo a su agenda internacional, el Gobierno de Rodrigo Paz ha asegurado compromisos de financiamiento externo superiores a los 8.000 millones de dólares provenientes de distintos organismos multilaterales.
Aunque la revista especializada Bloomberg reportó conversaciones con el FMI, la administración boliviana ha negado la existencia de acuerdos formales con el organismo.
Desde su asunción el 8 de noviembre de 2025, el Ejecutivo impulsó cambios estructurales relevantes. Entre ellos destaca la reducción de la subvención a los hidrocarburos, una medida vigente por más de 20 años y que representaba un costo superior a los 3.000 millones de dólares.
Señales económicas y apertura a inversión privada
El Gobierno asegura que las reformas iniciales han permitido avances macroeconómicos. Según datos oficiales, Bolivia registra superávit y una mejora en la estabilidad económica, además de una reducción del riesgo país.
En esta etapa, sectores estratégicos como hidrocarburos, minería y energía se preparan para nuevos marcos legales orientados a atraer inversión privada. El objetivo es generar condiciones de mayor confianza para capitales externos y tecnología.
Espinoza afirmó que el país apuesta por “cambios estructurales con lógica propia”, priorizando producción, innovación y reglas claras como pilares del nuevo modelo.




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