La reducción del Impuesto a los Consumos Específicos ICE para bebidas alcohólicas, establecida mediante el Decreto Supremo 5563, impulsa al sector vitivinícola en Tarija al mejorar su competitividad y dinamizar el mercado interno. La medida disminuye la alícuota de Bs 4,65 a Bs 3,94 por litro y es vista como un paso relevante en la diversificación económica del departamento, históricamente dependiente de los hidrocarburos.
Sin embargo, actores del sector advierten que el beneficio es parcial y que persisten desafíos estructurales que limitan su crecimiento, especialmente en costos, carga impositiva y acceso a certificaciones internacionales.
Reducción impositiva dinamiza el mercado
El ajuste en el ICE es interpretado como una señal positiva para el sector vitivinícola, al facilitar la comercialización y mejorar las condiciones de competencia tanto en el mercado interno como externo.
Franz Molina, gerente de Bodegas Kuhlmann y presidente de la Federación de Empresarios de Tarija, destacó el impacto de la norma, aunque aclaró que no resuelve los problemas de fondo. Señaló que la medida representa un avance, pero insuficiente para garantizar un desarrollo sostenido.
Por su parte, el abogado tributarista Roberto Gil explicó que el efecto de la reducción es diferenciado. Indicó que los pequeños productores se benefician principalmente en el mercado interno, mientras que las empresas de mayor escala pueden fortalecer su presencia en mercados internacionales.
Diversificación económica en Tarija
El impulso al sector vitivinícola se enmarca en la necesidad de diversificar la economía de Tarija, donde cerca del 50% del Producto Interno Bruto aún depende de la exportación de gas natural, según datos del Colegio de Economistas de Tarija.
El economista Fernando Romero subrayó que, pese a que el país generó más de 60 mil millones de dólares por exportación de gas en los últimos 20 años, menos del 10% retornó al departamento en forma de renta petrolera. En ese contexto, el desarrollo de industrias como el vino y el singani se perfila como una alternativa estratégica.
Actualmente, las exportaciones del sector alcanzan mercados como Estados Unidos, Japón, Paraguay, Reino Unido, China y Alemania, con proyecciones de expansión hacia Brasil e India.
Retos estructurales y presión de costos
A pesar del escenario favorable, el sector enfrenta desafíos importantes. Entre ellos, la estructura impositiva vigente que, según Molina, genera distorsiones, especialmente en productos como el singani y el vino espumante, que están sujetos a una doble carga dentro del ICE.
Además, el incremento del 20% al salario mínimo nacional y el encarecimiento de materias primas han elevado los costos de producción, afectando la rentabilidad de las empresas.
Otro obstáculo relevante es la falta de laboratorios locales que permitan obtener certificaciones internacionales, lo que obliga a los productores a recurrir a servicios en países vecinos, incrementando tiempos y costos operativos.
Perspectivas del sector
El sector vitivinícola boliviano muestra potencial de crecimiento, especialmente en mercados externos, pero su consolidación dependerá de ajustes estructurales que acompañen las medidas fiscales.
La reducción del ICE marca un avance en la política económica, aunque el desafío sigue siendo fortalecer la competitividad, reducir distorsiones tributarias y mejorar las condiciones productivas para sostener el desarrollo del sector.







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