

Un potente terremoto de magnitud 7,7 golpeó este viernes el noroeste de Myanmar, dejando al menos 200 muertos y 730 heridos, según informó la junta militar que gobierna el país. El sismo, que tuvo su epicentro a 17 kilómetros de Mandalay, la segunda ciudad más grande con 1,2 millones de habitantes, causó estragos en varias regiones, derrumbando edificios, puentes y carreteras. Las autoridades advierten que el número de víctimas podría aumentar en las próximas horas.
El temblor, registrado a las 12:50 hora local y a solo 10 kilómetros de profundidad, fue seguido por una réplica de magnitud 6,4, intensificando los daños. En Mandalay, numerosos edificios colapsaron, mientras que en Taungoo un monasterio se desplomó, atrapando a 20 niños. El icónico Puente Ava quedó destruido, y en Sagaing un puente se hundió por completo. “Nunca vi nada parecido. Estamos intentando manejar la situación”, relató un médico local a la agencia AFP.
El portavoz de la junta militar, Zaw Min Tun, confirmó las cifras iniciales y lanzó un inusual pedido de ayuda internacional. Por su parte, el líder del régimen, Min Aung Hlaing, señaló en televisión estatal que los equipos de rescate trabajan contrarreloj, aunque los daños aún no han sido plenamente evaluados. La junta declaró el estado de emergencia en seis regiones afectadas, incluyendo Mandalay y Sagaing.
Los efectos del sismo se sintieron más allá de Myanmar. En Tailandia, a más de 600 kilómetros del epicentro, un edificio en construcción en Bangkok colapsó, dejando al menos tres muertos y decenas de obreros atrapados. Las autoridades tailandesas decretaron el estado de emergencia y reportaron 50 heridos en el incidente. En China, el temblor también se percibió, aunque no se han detallado daños graves.
La Unión Europea, a través de la comisaria Hadja Lahbib, expresó su preocupación y anunció que está lista para brindar apoyo de emergencia, activando el sistema de satélites Copérnico para evaluar el impacto. “Estamos monitoreando la situación de cerca”, afirmó Lahbib en redes sociales.
Myanmar, ubicado en una zona de alta actividad tectónica, no había registrado un terremoto de esta magnitud en años. Las imágenes de carreteras agrietadas y edificios en ruinas reflejan la gravedad del desastre, que pone a prueba la capacidad de respuesta de un país ya golpeado por conflictos internos y una crisis humanitaria que afecta a millones de personas, según la ONU.
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