

Estados Unidos impuso sanciones este viernes a la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner y al exministro de Planificación Julio Miguel De Vido, acusados de «corrupción significativa» durante sus gestiones. La medida, anunciada por el secretario de Estado, Marco Rubio, prohíbe a ambos exfuncionarios y a sus familiares directos el ingreso a territorio estadounidense.
Según el Departamento de Estado, Kirchner y De Vido habrían aprovechado sus cargos para enriquecerse mediante esquemas de sobornos relacionados con contratos de obra pública, lo que derivó en el desvío de «millones de dólares» de fondos públicos argentinos. Rubio afirmó que estas prácticas no solo dañaron las arcas del Estado, sino que también erosionaron la confianza de la ciudadanía y los inversores en el país.
Cristina Fernández de Kirchner, de 72 años, es una figura clave del peronismo y lidera la oposición al gobierno de Javier Milei como presidenta del Partido Justicialista. Su trayectoria, sin embargo, ha estado marcada por denuncias de corrupción. En noviembre de 2023, la Cámara Federal de Casación Penal confirmó una condena de seis años de prisión e inhabilitación perpetua para cargos públicos por administración fraudulenta en la causa conocida como «Vialidad». Aunque el fallo aún debe ser revisado por la Corte Suprema, su edad podría eximirla de cumplir la pena tras las rejas.
Las sanciones llegan en un momento de alta tensión política en Argentina. El gobierno de Milei, cercano a la administración Trump, promueve la «Ley de Ficha Limpia», que impediría a personas con condenas por corrupción confirmadas en segunda instancia ocupar cargos públicos. El proyecto, aprobado esta semana en Diputados, es interpretado por el peronismo como un ataque directo para excluir a Kirchner de la política.
Más allá de su carácter simbólico, las medidas de Estados Unidos afectan la imagen internacional de la expresidenta y alimentan el debate sobre su futuro político. Para el oficialismo, el respaldo de Washington fortalece su agenda de reformas y su postura frente a la oposición.
Este episodio agudiza las fricciones políticas en Argentina y añade un nuevo capítulo a la relación entre el país sudamericano y Estados Unidos.
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