

En un intento por avanzar hacia un alto el fuego en el conflicto con Ucrania, Rusia ha aceptado detener por 30 días los ataques contra infraestructuras energéticas ucranianas, según confirmó este martes la Casa Blanca. La medida surge de una iniciativa liderada por Estados Unidos y fue acordada en una conversación telefónica entre los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin.
Según el comunicado oficial, ambas partes iniciarán «negociaciones técnicas» para establecer un alto el fuego en el mar Negro y avanzar hacia una paz duradera. Estas conversaciones, que comenzarán de inmediato en Oriente Medio, buscan sentar las bases para un cese total de las hostilidades. No obstante, no se han revelado detalles específicos sobre los términos del acuerdo ni el papel de Ucrania en las negociaciones.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, expresó escepticismo sobre la posibilidad de que Rusia respete la tregua, especialmente mientras las fuerzas rusas continúan sus ataques en territorio ucraniano. Además, el Kremlin ha planteado condiciones consideradas inaceptables para Kiev, como la cesión de cinco regiones anexadas por Moscú y el abandono de la aspiración ucraniana de unirse a la OTAN.
Durante la conversación, Trump y Putin coincidieron en que el conflicto «nunca debió haber comenzado» y subrayaron la necesidad de destinar recursos a las necesidades de sus respectivos pueblos. También abordaron la proliferación de armas estratégicas y la seguridad en Oriente Medio, mostrando una posición común sobre Irán y su relación con Israel.
Si bien el acuerdo representa un paso hacia la distensión, las profundas diferencias entre las partes y la falta de avances concretos en negociaciones anteriores generan dudas sobre su efectividad. Mientras tanto, Ucrania insiste en obtener garantías de seguridad de sus aliados occidentales y el despliegue de una fuerza de interposición para asegurar una eventual tregua.
La suspensión temporal de los ataques a infraestructuras energéticas podría aliviar parcialmente la crisis humanitaria en Ucrania, pero su impacto a largo plazo dependerá de la voluntad de ambas partes para alcanzar un acuerdo definitivo.
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