

Las autoridades locales han identificado un preocupante aumento en el tráfico de animales silvestres a través de plataformas digitales como Facebook y WhatsApp. Según Boris Arévalo, responsable del Programa de Gestión de la Biodiversidad de la Gobernación, los traficantes operan en grupos cerrados donde publican fotos de las especies en venta y facilitan contactos para concretar transacciones ilegales.
“La comercialización ilegal de fauna silvestre en redes sociales es una práctica recurrente. Por ello, realizamos operativos constantes para combatir este delito”, explicó Arévalo. Hasta la fecha, dos personas han sido detenidas y procesadas por su participación en estas actividades, tipificadas como delito según la Ley 1333, la Ley 1525 y el Decreto Supremo 22641, con penas de uno a seis años de prisión.
De acuerdo con el último informe de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Hídricos, entre enero y marzo se han rescatado 53 animales silvestres en distintos operativos. Entre ellos, 19 aves, 18 mamíferos y 16 reptiles, los cuales fueron trasladados a centros de custodia para su rehabilitación y posterior liberación en su hábitat natural.
Las especies más traficadas incluyen tortugas terrestres (Chelonoidis denticulata), tortugas acuáticas (Podocnemis expansa), monos capuchinos (Sapajus apella) y loros amazónicos de la familia Psittacidae. Estas especies son altamente valoradas en el mercado negro, donde los compradores pagan sumas considerables por ejemplares que no están destinados a la domesticación.
Arévalo hizo un llamado a la ciudadanía para que no fomente este ilícito: “No compren animales silvestres. Denuncien estos actos ilegales ante la Gobernación o la Policía Forestal y de Preservación del Medio Ambiente (Pofoma)”. Asimismo, reiteró que las autoridades mantendrán operativos permanentes para erradicar esta práctica, que pone en riesgo la biodiversidad y el equilibrio ecológico.
El caso evidencia el papel de las redes sociales como facilitadoras del tráfico ilegal de especies, un delito que no solo amenaza la fauna silvestre, sino que también representa un peligro para la salud pública y el medio ambiente. La colaboración ciudadana resulta clave para combatir esta problemática y proteger a las especies en peligro de extinción.
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