

Cuba enfrenta una grave crisis energética tras el colapso total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), ocurrido el pasado viernes. Actualmente, la isla genera solo un tercio de la electricidad que consumía antes del apagón, según informó el Ministerio de Energía y Minas (Minem). La situación ha dejado a gran parte del país sin suministro eléctrico, agravando la ya crítica situación económica y social.
El apagón nacional se produjo a las 20:15 hora local del viernes (00:15 GMT del sábado) debido a una avería en la subestación de Diezmero, en las afueras de La Habana. Esta falla desencadenó la desconexión en cadena de varias unidades de generación en el occidente del país, lo que derivó en el colapso total del sistema. Según el Minem, la generación eléctrica actual es de 935 megavatios (MW), frente a los 3.171 MW que se consumían en promedio antes del incidente.
Aunque la Unión Eléctrica (UNE) ha logrado restablecer parcialmente la red desde La Habana hasta Guantánamo, el suministro eléctrico sigue sin normalizarse por completo. En la capital, el 81% de los consumidores continúa sin electricidad. Las autoridades han priorizado el restablecimiento del servicio en «centros vitales», como hospitales, mientras trabajan en la sincronización de las grandes centrales con la red nacional.
Impacto en la población y la economía
Los apagones han agravado la crisis económica de Cuba, cuyo PIB se contrajo un 1,9% en 2023 y no registró crecimiento en 2024, según datos oficiales. Además, han sido detonantes de protestas sociales en los últimos años, como las del 11 de julio de 2021, las del verano de 2022 en La Habana y Nuevitas, y las del 17 de marzo de 2024 en Santiago de Cuba y otras localidades.
En medio de la oscuridad, los cubanos se han visto obligados a adaptarse a condiciones extremas. Jorge Suárez, un abogado de 47 años, comentó a la AFP: «Uno se acostumbra a las condiciones, como los animales que viven en el desierto». Adela Alba, propietaria de un bar y tienda en La Habana, relató que su generador le permite «mantener un mínimo de servicio», pero subrayó las dificultades de operar en estas circunstancias. Mientras tanto, muchos recurren a la leña para cocinar ante la escasez de gas, y otros buscan lugares con generadores para cargar sus teléfonos.
Infraestructura envejecida y desafíos futuros
Las ocho centrales térmicas de Cuba, la mayoría construidas en las décadas de 1980 y 1990, sufren fallas recurrentes. Aunque el país cuenta con barcazas eléctricas turcas y generadores para reforzar el sistema, el embargo estadounidense vigente desde 1962 dificulta la importación de combustible y repuestos necesarios para modernizar la infraestructura.
Ante esta situación, el gobierno cubano ha acelerado la instalación de al menos 55 parques solares este año, con el objetivo de cubrir el 12% de la demanda nacional. Sin embargo, la solución a la crisis energética parece lejana, y la población sigue enfrentando cortes prolongados e incertidumbre.
«Que Dios nos ayude, este país va de mal en peor», expresó Xiomara Castellanos, una habanera de 82 años, reflejando el desaliento generalizado en la isla. La crisis eléctrica no solo ha sumido a Cuba en la oscuridad, sino que también ha puesto en evidencia la urgencia de soluciones estructurales para un sistema al borde del colapso.
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