

Estados Unidos oficializó este miércoles la imposición de un arancel del 25% sobre todas las importaciones de acero y aluminio, una medida impulsada por el expresidente Donald Trump con la intención de fortalecer la manufactura local. La decisión, que elimina exenciones previas y aumenta la tasa sobre el aluminio, ha generado preocupación en los mercados y desatado tensiones comerciales con aliados y competidores.
La orden ejecutiva firmada el mes pasado no solo afecta a los principales exportadores de estos metales, como Canadá, México, Brasil y Corea del Sur, sino que también abre la puerta a nuevas restricciones para la Unión Europea y China. En respuesta, la UE anunció que aplicará contramedidas equivalentes a 28.000 millones de dólares a partir del 1 de abril, afectando productos como textiles, electrodomésticos y alimentos.
Trump justificó la medida argumentando que los aranceles incentivarán la producción local y generarán empleos en la industria. En un foro con ejecutivos, afirmó que las tarifas podrían incluso aumentar si más empresas no trasladan su producción a EEUU Sin embargo, economistas advierten que la política podría elevar costos para los fabricantes que dependen de estos metales como materia prima.
El impacto económico ya se refleja en los mercados. Desde que se anunció el incremento arancelario, el índice S&P 500 ha caído un 8%, reflejando temores de una desaceleración económica. Un informe de la Comisión de Comercio Internacional de EEUU reveló que, en 2021, los beneficios para las acereras fueron superados por las pérdidas en sectores que dependen del metal, con una reducción de producción cercana a los 3.500 millones de dólares.
Los principales proveedores de acero y aluminio para EEUU son Canadá, México, Brasil, Corea del Sur y Japón, aunque las importaciones desde Taiwán y Vietnam han crecido rápidamente. En el caso del aluminio, la mayor parte proviene de Canadá, país que estuvo en riesgo de enfrentar un arancel del 50%, pero logró evitarlo tras negociaciones con Washington.
Si bien la Casa Blanca sostiene que la medida impulsará la manufactura, algunas empresas podrían reconsiderar sus inversiones en EEUU ante el aumento de costos. Volvo, Volkswagen y Honda han mostrado interés en expandirse en el país, pero la incertidumbre comercial sigue siendo un factor clave en sus decisiones.
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