

El ministro de Defensa de Francia, Sébastien Lecornu, confirmó este domingo el envío de una nueva partida de ayuda militar a Ucrania, valorada en 195 millones de euros (unos 212 millones de dólares), que será financiada con los intereses generados por los activos rusos congelados en el país. Esta decisión, anunciada en una entrevista con el diario La Tribune, refuerza el compromiso de Francia con la defensa de Ucrania frente a la invasión rusa, que cumple más de tres años.
Los fondos se destinarán específicamente a la compra de proyectiles de 155 mm y bombas AASM Hammer, fabricados en Francia, que serán utilizados por los aviones Mirage 2000, ahora en manos del ejército ucraniano. Esta medida forma parte de una estrategia europea más amplia para apoyar a Ucrania militarmente, utilizando recursos provenientes de las sanciones impuestas a Rusia tras su invasión en 2022.
Francia ha sido uno de los aliados más activos en el suministro de material bélico a Ucrania, y con esta acción reafirma su postura de no solo sancionar a Rusia, sino también de canalizar los recursos de esas sanciones directamente hacia el esfuerzo bélico ucraniano. Lecornu destacó que este enfoque evita que los activos rusos permanezcan inactivos y contribuye a debilitar económicamente a Moscú.
La decisión francesa se enmarca en un contexto de coordinación europea y del G7. Recientemente, Reino Unido anunció un envío similar por valor de 752 millones de libras (unos 974 millones de dólares), marcando un precedente en el uso de activos rusos congelados para financiar la guerra. Sin embargo, no todos los países europeos están de acuerdo con esta medida. Bélgica, por ejemplo, ha expresado preocupaciones legales y económicas, advirtiendo que podría sentar un precedente peligroso en el ámbito financiero internacional.
A nivel diplomático, Francia busca fortalecer la cooperación europea en apoyo a Ucrania. Lecornu se reunirá esta semana en París con sus homólogos de Reino Unido, Alemania, Italia y Polonia para discutir nuevas formas de colaboración y reforzar la defensa europea frente a las agresiones rusas.
Esta iniciativa refleja un nuevo capítulo en la confrontación entre Rusia y Occidente, donde las sanciones económicas no solo buscan aislar a Moscú, sino también financiar directamente la resistencia ucraniana. Rusia ha calificado estas acciones como un “robo”, pero los países occidentales insisten en que es una respuesta necesaria ante la invasión ilegal de Ucrania.
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