

La crisis de combustibles en el eje troncal, que ya supera las dos semanas, ha llevado a los productores de soya y arroz a una situación límite. La escasez de diésel y gasolina paraliza sus labores y pone en riesgo millones de toneladas de cosechas. Ante este panorama, los agricultores han convocado a una reunión urgente este lunes en Montero para definir acciones de protesta y exigir al Gobierno una solución inmediata.
Eliazer Arellano, dirigente de los productores de soya, manifestó su frustración por la falta de respuestas. “No podemos perder más tiempo. Vamos a proponer bloqueos si es necesario. Ya nos cansamos de que nadie nos escuche”, advirtió. Explicó que miles de hectáreas de soya están listas para ser cosechadas, pero la falta de diésel impide avanzar. Además, alertó que en San Julián el desborde de un río ha inundado cultivos, lo que agrava la crisis. “La soya se está pudriendo. Con diésel podríamos levantar defensivos para evitar que el agua ingrese”, lamentó.
El problema también golpea a los arroceros. A pesar de que el 30% de la producción ya ha sido recolectada, el 70% restante —equivalente a 80.000 hectáreas— sigue en riesgo por la falta de combustible. Esta situación compromete la seguridad alimentaria y la estabilidad económica de la región.
La escasez de diésel, que inicialmente afectó al sector agropecuario, se ha extendido también a la gasolina, provocando largas filas en estaciones de servicio y afectando al transporte y a la economía en general. Según estimaciones, la crisis amenaza la cosecha de 2,5 millones de toneladas de soya, uno de los principales productos de exportación del país.
Frente a este panorama, los productores del norte integrado han decidido unirse para tomar medidas concretas. “El lunes nos reuniremos en Montero para definir nuestras acciones. Ya no podemos esperar más”, enfatizó Arellano. En el encuentro se buscará coordinar estrategias para presionar al Gobierno y garantizar el suministro de combustibles, evitando mayores pérdidas en el sector.
La crisis no solo afecta la producción de soya y arroz, sino que también tiene repercusiones económicas y sociales para toda la región. Los productores esperan que su voz sea escuchada antes de que el daño sea irreversible.
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