

La escasez de diésel en Bolivia no solo afecta a la producción de soya, sino que también amenaza seriamente la cosecha de arroz, un alimento básico en la dieta de los bolivianos. Productores de Santa Cruz y Beni advierten que, si no se garantiza el suministro de combustible, el país podría enfrentar una crisis de abastecimiento en los próximos meses, con un impacto directo en los precios y la disponibilidad del grano para los consumidores.
Gonzalo Vázquez, presidente de la Federación Nacional de Cooperativas Arroceras (Fenca), explicó que la escasez de diésel está afectando gravemente la cosecha de arroz, especialmente en Beni y Santa Cruz, principales regiones productoras. En Beni, 70 mil hectáreas de arroz estaban listas para cosechar en febrero, pero la falta de combustible impidió la recolección oportuna. Como resultado, el 10% de la producción se perdió debido a las lluvias, y las pérdidas podrían aumentar si el problema persiste.
En Santa Cruz, la cosecha está programada para marzo y abril, pero los productores enfrentan el mismo obstáculo: sin diésel, no pueden operar maquinaria clave como cosechadoras, tractores y camiones de transporte. Vázquez advirtió que, aunque este año se proyectaba una producción récord de 150 mil hectáreas a nivel nacional, la falta de combustible podría frustrar esas expectativas.
Impacto en la producción y los precios
La producción de arroz en Bolivia ya muestra una tendencia a la baja. Según el ministro de Desarrollo Productivo, Néstor Huanca, en 2023 se cosecharon 699.142 toneladas, mientras que para 2024 la proyección es de apenas 433.050 toneladas. Esta caída, sumada a la crisis del diésel, podría generar un déficit del 20% en el abastecimiento nacional, forzando un aumento de las importaciones.
Sin embargo, traer arroz del exterior no es una solución fácil. Vázquez alertó que Bolivia enfrenta dos problemas adicionales: la escasez de divisas y los altos precios del arroz en países vecinos como Argentina y Brasil, donde el costo del grano es significativamente mayor. Datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) muestran que, entre enero y noviembre de 2024, Bolivia importó 1.138 toneladas de arroz por un millón de dólares, una cifra muy inferior a las 2.653 toneladas importadas en 2023.
Los productores no solo temen por las pérdidas económicas, sino también por el impacto en los consumidores. Vázquez señaló que, aunque los agricultores reciben un precio justo por el arroz en challa, los costos de procesamiento, comercialización e intermediación elevan el precio final para el público. «Queremos que el consumidor tenga acceso a arroz a un precio razonable, pero la situación actual dificulta ese objetivo», afirmó.
Consecuencias a futuro
Si el suministro de diésel no se normaliza, Bolivia podría enfrentar una crisis alimentaria en el sector arrocero. Además del impacto económico para miles de familias que dependen de este cultivo, los precios del arroz podrían mantenerse elevados o incluso aumentar, afectando el bolsillo de los bolivianos.
Ante esta situación, los productores instan a las autoridades a tomar medidas urgentes para garantizar el abastecimiento de combustible y evitar que la crisis del diésel siga poniendo en riesgo la seguridad alimentaria del país.
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