

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, descartó hoy renunciar a su cargo y se comprometió a culminar su mandato en 2027. La declaración se produjo en respuesta a los reclamos de dimisión provenientes de sectores clave de la oposición, en medio de una profunda crisis política por la inminente moción de confianza que enfrenta su primer ministro.
El mandatario realizó estas afirmaciones durante una rueda de prensa en la ciudad de Toulon, en el sur de Francia, donde se encontraba junto al canciller alemán, Friedrich Merz.
Firmeza ante los reclamos de dimisión
Macron fue categórico al afirmar que «el mandato que me confiaron los franceses será ejercido hasta su término». Argumentó que la democracia se basa en que los ciudadanos eligen a sus líderes por un período definido, haciendo un claro guiño a sus opositores, a quienes se refirió como «quienes han sido derrotados repetidamente en esas mismas elecciones».
Partidos como La Francia Insumisa (LFI) y la Agrupación Nacional (RN) han exigido abiertamente la renuncia del jefe de Estado. Consideran que la eventual caída del primer ministro, François Bayrou, debería extenderse también a la presidencia.
La crisis por la moción de confianza
El epicentro de la crisis política es la moción de confianza que el primer ministro Bayrou ha convocado para el 8 de septiembre. Este movimiento es un recurso extremo para intentar salvar su plan de presupuesto para 2026, que ya ha sido rechazado.
La Asamblea Nacional, dominada por la oposición, anticipa que negará su apoyo al gobierno. Si Bayrou pierde la votación, se verá obligado a dimitir junto con todo su gabinete, lo que sumiría al país en una nueva fase de inestabilidad.
Un camino de acuerdo parece lejano
Macron mostró su esperanza en que Bayrou logre convencer a los diputados opositores, aunque reconoció la dificultad de la empresa. Instó a la oposición a «encontrar un camino de acuerdo» para gestionar la crisis.
Sin embargo, la izquierda y la extrema derecha ya han mostrado su intención de derribar al gobierno. Ambas fuerzas unieron sus votos en diciembre pasado para derrocar al entonces primer ministro, Michel Barnier, y parecen decididas a repetir la estrategia.
El rechazo al presupuesto presentado en agosto, que incluye recortes y ahorros por más de 43 mil millones de euros, es el argumento central de la oposición. Los partidos críticos lo califican como un «ataque a los trabajadores y los más vulnerables».
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