El 6 de enero, Día de Reyes, los periodistas de Potosí fuimos sorprendidos con una convocatoria a conferencia de prensa por parte de la presidenta de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (Fcbcb), Alejandra Echazú Conitzer, y del viceministro de Culturas, Andrés Zaratti Chevarría.
La sorpresa se debió a que la visita de estas autoridades a Potosí no había sido anunciada, por lo que no se preparó ninguna agenda. Y resultó aún más sorpresivo escuchar de sus propios labios que la Casa de Moneda ha sido afectada por las lluvias y ahora presenta goteras, un hecho que, en la anterior administración, habría sido poco difundido, por no decir ocultado.
Debido al interés que tengo en los temas culturales, logré conversar con ambos, tanto en privado como en el marco de mi labor de seguimiento periodístico. Así confirmé que Alejandra heredó la sensibilidad de su abuela, la gran poetisa Yolanda Bedregal, y que obtuvo información sobre la Casa de Moneda por medios no convencionales, eludiendo los controles oficiales. Cabe agregar que la Fcbcb administra los principales repositorios del país, de ahí su relación con la ceca potosina. La nueva presidenta está visitando estos repositorios para obtener información de primera mano sobre lo que ocurre en ellos.
Zaratti se quedó más tiempo y seguirlo fue complicado, pues sostuvo varias y maratónicas reuniones con prácticamente todos los sectores culturales de Potosí, algo que nunca hicieron los ministros de Culturas del pasado. Se ocupó de los patrimonios de manera directa: se reunió con el Comité de Salvaguardia de la Festividad de Ch’utillos y, para el asunto más delicado —la preservación del Cerro Rico de Potosí—, no tuvo inconveniente en programar una inspección visual y llegar hasta la descabezada cima de la legendaria montaña. Recibió la información de la Corporación Minera de Bolivia in situ e incluso negoció con los representantes de las cooperativas mineras que se presentaron en el lugar. Sobre la base de la información recogida, se elaborará el informe que exige la Unesco para evaluar si Potosí sigue en la lista de patrimonio en riesgo o se la retira definitivamente de la lista representativa del Patrimonio Mundial.
Recibí buenas referencias de Andrés, pero verlo en acción fue otra cosa. Lo vi, ante todo, como un negociador: alguien que crea escenarios de diálogo y, una vez instalados, recibe la información suficiente para proponer soluciones. A eso hay que agregarle su carácter ejecutivo: cuando detecta algo que se puede hacer, se pone manos a la obra.
Fue él mismo quien se definió, durante la reunión con los representantes de las industrias culturales: dijo que no era actor ni gestor cultural, sino más bien un burócrata. Yo debo agregar que no es un burócrata cualquiera, sino un burócrata para la cultura; por lo tanto, no es el típico funcionario que agrega pasos innecesarios a los trámites, sino todo lo contrario: es el que los elimina o, al menos, los acorta. En otras palabras, es un buen servidor público, algo que le estaba haciendo mucha falta al sector cultural boliviano.
Juan José Toro Montoya es Premio Nacional en Historia del Periodismo.
La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.




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