
A las 2:01 de la madrugada de este sábado, mientras partes de Caracas quedaban a oscuras y los helicópteros estadounidenses descendían bajo fuego, dos de las personas más vigiladas de Venezuela se rindieron sin disparar un tiro: Nicolás Maduro y Cilia Flores estaban a punto de abandonar el país en una operación que había movilizado más aeronaves que cualquier despliegue de Estados Unidos en la región desde 1962.
Génesis y planificación
La operación que culminó con la captura de Maduro y su esposa fue bautizada por Estados Unidos como “Resolución Absoluta” y, según el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, fue el resultado de meses de preparación y ejercicios que involucraron una maquinaria militar de escala hemisférica.
Desde agosto, de acuerdo con personas al tanto del operativo, la CIA desplegó un equipo en tierra para recopilar información directa sobre el presidente venezolano. Ese trabajo de inteligencia permitió, según Caine, construir un perfil detallado de sus rutinas:
“Supimos dónde vivía, cómo se desplazaba, qué comía, qué vestía, cuáles eran sus mascotas”.
La agencia utilizó drones furtivos y una fuente humana cercana a Maduro para seguir cada uno de sus movimientos. Paralelamente, el Pentágono comenzó a reunir una fuerza militar sin precedentes recientes en el Caribe. Desde finales de agosto, una docena de buques de guerra se concentró en la zona. En noviembre, la llegada del portaaviones Gerald R. Ford y tres destructores añadió 5.500 efectivos a una fuerza previa de 10.000, repartidos entre Puerto Rico y el mar.
Con más de 15.000 militares desplegados, el operativo se convirtió en el mayor movimiento estadounidense en la región desde la crisis de los misiles de Cuba en 1962.
En los días previos al asalto, Washington incrementó visiblemente su presencia aérea: aviones de operaciones especiales, aeronaves de guerra electrónica, drones Reaper armados, helicópteros de búsqueda y rescate y cazas comenzaron a posicionarse, señal de que la misión solo esperaba una última variable: el momento exacto.
Una semana antes, la CIA había ejecutado un ataque con drones contra una instalación portuaria venezolana, descrito como un intento de presionar a Maduro.
Caine resumió la lógica interna del planeamiento con una frase que reflejaba la obsesión por el control del riesgo:
“Pensamos, desarrollamos, entrenamos, ensayamos, informamos, ensayamos una y otra vez, no para hacerlo bien, sino para asegurarnos de no equivocarnos”.
Ejecución y punto de inflexión
La madrugada del sábado, alrededor de las 2:00, el dispositivo se puso en marcha. Unos 150 aviones militares —incluidos drones, cazas y bombarderos— despegaron desde 20 bases y buques de la Marina. Al mismo tiempo, comenzó una campaña de bombardeos intensos contra Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar de Venezuela, una base aérea y objetivos en La Guaira, Miranda y Aragua, donde se encuentra el aeropuerto internacional de Caracas.
Testigos reportaron explosiones en Fuerte Tiuna, una extensa base en el centro de la capital donde residen altos mandos y funcionarios y donde se sospechaba que Maduro se encontraba. Una fotografía tomada horas después mostraba el complejo en llamas, con impactos visibles en zonas cercanas.
Según Caine, las aeronaves estadounidenses destruyeron las defensas aéreas venezolanas para abrir un corredor a los helicópteros de fuerzas especiales. En paralelo, Estados Unidos cortó la energía eléctrica en partes de Caracas mediante una operación cibernética, de acuerdo con fuentes informadas.
El avance hacia el objetivo no estuvo exento de riesgos. A las 2:01, cuando los helicópteros se aproximaban al complejo de Maduro, recibieron disparos.
Caine afirmó que las unidades “respondieron con fuerza abrumadora”.
Los comandos de la Delta Force del Ejército viajaban en helicópteros MH-60 y MH-47, pilotados por el 160º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales, los Night Stalkers, una unidad especializada en misiones nocturnas y de alto riesgo.
El asalto al amanecer fue descrito por el alto mando como el más arriesgado desde la operación que eliminó a Osama bin Laden en 2011.
Clímax y captura
El punto crítico se resolvió en cuestión de segundos. Donald Trump afirmó que el ejército ensayó la misión repetidas veces y logró ejecutarla “a la perfección”, superando las puertas de acero que protegían a Maduro en segundos.
Dentro del complejo, la resistencia fue mínima. Según el relato oficial de Caine:
“Maduro y su esposa, ambos acusados, se rindieron y quedaron bajo custodia del Departamento de Justicia, asistido por nuestras increíbles fuerzas armadas estadounidenses con profesionalismo y precisión, sin pérdida de vidas estadounidenses”.
No hubo intercambio prolongado de fuego en el interior. Maduro y Cilia Flores se entregaron sin ofrecer resistencia.
Uno de los helicópteros estadounidenses fue alcanzado por disparos, pero pudo seguir volando y regresar a la base. Para permitir la extracción, la aviación estadounidense mantuvo la presión sobre las defensas antiaéreas venezolanas.
Consecuencias y resolución inmediata
La operación completa duró dos horas y 20 minutos.
Caine detalló la secuencia final: las fuerzas estadounidenses llegaron al complejo a las 2:01 y regresaron “sobre el agua” a las 4:29, “con los imputados a bordo”.
Maduro y Flores fueron trasladados primero al USS Iwo Jima, uno de los buques desplegados en el Caribe, y desde allí serían llevados a Nueva York, donde enfrentarán cargos por narcotráfico y terrorismo. Maduro tiene además una nueva acusación en el Distrito Sur de Nueva York por narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína, sumada a las imputaciones presentadas en 2020, durante el primer mandato de Trump. Aún no se ha informado cuándo comparecerá ante el tribunal.
Trump siguió la operación en tiempo real.
El presidente Donald Trump dijo que la observó “literalmente como si hubiera visto un show televisivo”, y afirmó que no hubo bajas estadounidenses ni pérdida de equipamiento.
Horas después, el presidente anunció una decisión de alcance inmediato:
“Estados Unidos gobernará Venezuela hasta que podamos llevar a cabo una transición pacífica, adecuada y juiciosa”.
También adelantó que permitirá la entrada de petroleras estadounidenses para invertir en la infraestructura petrolera del país y generar ingresos.
En Caracas, la reacción fue de miedo e incertidumbre. La ciudad amaneció desierta, con filas frente a supermercados que vendían a través de rejas para evitar saqueos. Agentes policiales encapuchados y fuertemente armados patrullaban las calles, mientras el olor a pólvora persistía en varios barrios.
Un grupo reducido de simpatizantes de Maduro se reunió frente al palacio de Miraflores con retratos y banderas. El gobierno venezolano denunció daños a civiles durante los bombardeos, aunque no presentó pruebas. En el Caribe, el despliegue militar estadounidense permanecía en estado de alerta.
La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, ejecutada en una operación que combinó inteligencia humana, ciberataques, bombardeos y fuerzas especiales, abrió una fase inédita para Venezuela: un país cuyo liderazgo fue extraído por una potencia extranjera y trasladado a un tribunal en Nueva York, mientras Washington asumía el control político provisional y la región observaba, entre incertidumbre y tensión, las primeras horas de un nuevo equilibrio de poder.



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