Monte Verde: cuando niños y ancianos marcharon hacia el fuego

Artículo arrow_drop_down

columna de opinión

La temperatura, agravada por los incendios cada vez más cercanos, superaba los 35 grados centígrados. Aquel 23 de septiembre de 2024, las cenizas caían como una nevada fantasmal y empezaban a ser opacadas por humaredas negras y lluvias de hollín. Al ritmo de una tamborita, unas 300 personas marchaban por un camino de tierra anaranjada, rodeado de densa vegetación. Huérfanos de ayuda, los campesinos del Territorio Comunitario de Origen (TCO) Monte Verde habían decidido “ir a apagar los fuegos, aunque sea con nuestras propias manos”.

Fue una de esas imágenes que no se borrarán jamás de mi memoria. Tres periodistas, algunos miembros de una ONG y voluntarios de organizaciones como AUR, Árbol y Alas Chiquitanas fuimos testigos de aquella marcha en lo profundo del monte. Era la protesta final, con tonos casi suicidas. Desde hacía tres días, tres líneas de fuego —de más de 10 kilómetros de largo y decenas de metros de alto— habían rodeado la zona.

“Estamos amenazados por dos incendios”, explicaba días antes el subgobernador de la provincia Ñuflo de Chaves, Carlos Yabeta. “Uno viene de Ascensión de Guarayos y otro de San Ignacio de Velasco. A eso se suma el incendio de Concepción, que tiene la posibilidad de unirse en la TCO Monte Verde. Es un incendio exageradamente grande. El Gobierno tiene que apoyar a toda la Chiquitanía porque el departamento arde”.

Los extremos de cada superllamarada confluían con creciente intensidad y ya formaban un arco que amenazaba con cerrarse y quemarlo todo. Ya habían comenzado a devorar sembradíos de cacao, copaibo y café. Desde que se advirtió la amenaza, los comunarios habían viajado a la ciudad de Concepción a pedir ayuda. El trayecto hasta la capital chiquitana duraba más de cuatro horas en camionetas alquiladas, pero ni siquiera así se podía escapar del hongo asfixiante: el fuego era tan intenso que Concepción estaba totalmente cubierta por humo blanco y “nevadas” de ceniza.

Pese a la alarma, las autoridades apenas ofrecían albergue y decían que ya habían solicitado ayuda a sus superiores en Santa Cruz. A Concepción habían llegado algunas decenas de policías y conscriptos que, en general, carecían de equipo. Pasaban más tiempo en los albergues que en las zonas afectadas por el incendio. Dos días antes de la marcha llegaron también 30 bomberos voluntarios españoles; fueron a ver el arco de fuego que amenazaba Monte Verde y resultaron prácticamente la única ayuda efectiva. Regresaron agotados y profundamente pesimistas.

Mega incendios

“Si no llega ayuda de alto nivel ya, esto puede convertirse en un incendio de quinta o sexta generación”, explicó uno de ellos. “Hacen falta uno o dos aviones cisterna, cientos de bomberos bien equipados y mucho apoyo logístico. Si llega a ese nivel, solo quedan dos salidas: o llueve varios días seguidos o se quema todo lo que pueda quemarse hasta que el fuego se extinga por inanición”.

El pesimismo era mayor porque este grupo de bomberos había llegado a Bolivia trayendo tres lotes de equipos de última tecnología: uno para ellos, otro para los militares movilizados y otro para entregar a los pobladores. En Aduana solo les permitieron pasar los equipos de uso personal. Las autoridades les aseguraron que se encargarían de distribuir el resto a militares y comunarios. Aquel material también se hizo humo; hasta hoy no apareció.

Dos días antes de la marcha, en Monte Verde el fuego avanzaba; en Concepción y Santa Cruz, los dirigentes buscaban desesperadamente ayuda. No había respuesta ni de la Gobernación cruceña ni del Gobierno nacional. Ninguna dirigencia cívica o empresarial —de esas que proclaman su “amor a mi tierra” y convocan grandes cabildos o paros— dio señales de vida. Entonces se convocó a una gran reunión de dirigentes de Monte Verde y organizaciones afines para decidir qué hacer.

El 21 de septiembre, contradictorio “Día de la Primavera”, una voz recibió apoyo unánime: “Vayamos a apagar el fuego, aunque sea con nuestras propias manos. Si nadie nos ayuda, luchemos nosotros hasta donde den nuestras fuerzas”. Otra propuso: “Antes hagamos una marcha desde Puerto San Pedro hasta Monte Verde —a 7 kilómetros— para dejar constancia de nuestra protesta y del abandono que sufrimos”.

Durante más de una hora se habló de la desigualdad que padecen los campesinos: la presión y los abusos de los bancos al cobrar créditos, aunque los incendios los hayan dejado sin nada; la dificultad para conseguir transporte o combustible frente a las facilidades que recibe la agroindustria; los interminables problemas judiciales para defender unas pocas hectáreas contra las maniobras y la violencia de poderosos latifundistas…

Todo aquello impulsó la marcha hacia el fuego y un breve pronunciamiento que se difundió en redes y se comunicó a los periodistas:

«Ante la indolencia, incapacidad e inacción de diferentes instancias de gobierno, nos autoconvocamos a una Marcha Indígena Territorial. Estamos cansados y cansadas de respirar el humo que unos pocos han provocado quemando nuestro territorio; cansados y cansadas de ver morir animales, árboles y todo el bosque. Hasta hoy son más de 300.000 hectáreas quemadas y EXIGIMOS QUE SE DECLARE DESASTRE NACIONAL PARA RECIBIR AYUDA INTERNACIONAL.

Nos declaramos en movilización porque los incendios no paran y siguen apareciendo nuevos focos. Por eso marcharemos hasta que cesen los incendios y convocamos a la unidad de las comunidades para detener el desastre».

Decisión suicida

Aquella tarde se comunicó oficialmente la decisión a autoridades y medios. “Comunarios advierten que enfrentarán el fuego con sus propias manos en la Chiquitanía”, tituló RTP. “En Monte Verde, indígenas quieren enfrentar solos el fuego que los rodea”, replicó Fides. Titulares similares se multiplicaron.

El 23 de septiembre, a las 04:00, un camión destartalado partió hacia Puerto San Pedro con voluntarios, dirigentes y periodistas. Allí, los campesinos pidieron a los voluntarios, periodistas y personal de la ONG que los dejaran reunirse a solas unos minutos. Llegaban los comunarios convocados con pancartas y banderas. Los voluntarios —cerca de diez, entre ellos dos argentinos y dos chilenos— ensayaban consignas y las enseñaban a niños y jóvenes. Los miembros de la ONG repartían bolsas de agua para paliar el calor y el aire cargado de humo y hollín.

Cerca de las 10:00, hombres, mujeres, ancianos y niños de Monte Verde —varios de ellos descalzos— iniciaron la marcha de protesta hacia las llamaradas. Entre el sonido de la tamborita y largos silencios se escucharon consignas: “¡Ni soya, ni coca, el bosque no se toca!”, “¡Soyeros criminales solo salen en carnavales!”, “¡A ver, a ver, movete Catacora, se queman nuestros bosques y tú te rascas las bolas!”.

Ninguna gran cadena de televisión pudo llegar a tiempo. Los intentos de transmisión en vivo fracasaron porque la señal de internet también había caído, afectada por el fuego. A 400 kilómetros de Santa Cruz, a ocho horas de viaje, en medio del monte, aquellos marchistas casi solitarios reclamaban algo elementalmente humano: que dejaran de incendiarles la tierra y que los ayudaran a salvar su sustento. La única respuesta era el crepitar de los troncos y, de vez en cuando, el deslizamiento de tierra y piedras.

Al mediodía, al llegar al municipio de Monte Verde —que da nombre a la TCO—, se convocó una nueva reunión en la cancha del pueblo. Se supo que hacia el norte el fuego estaba más cerca. Cuatro comunarios que llevaban hasta tres días sin dormir peleando contra las llamas vigilaban ese sector. Entre la tensión y la organización de un almuerzo comunitario, las voces se entremezclaban con propuestas y quejas.

Llega el “avión cisterna”

De pronto aparecieron camionetas con bomberos de la Gobernación cruceña y un funcionario que no quiso identificarse. Uno de los bomberos informó que vendría más ayuda. Cuando le preguntaron por qué eran tan pocos, respondió: “Vinimos primero a marcar coordenadas para guiar al avión cisterna”. Media hora después se oyó el sobrevuelo de un avión que pasó dos o tres veces muy cerca.

Hacia las 14:00, los mismos bomberos alertaron que el fuego avanzaba rápidamente y pidieron a quienes no fueran bomberos o comunarios aptos que se replegaran a zonas seguras. La marcha parecía haber surtido efecto; la ayuda parecía haber llegado.

El avión no volvió. Tampoco llegaron más bomberos. La lucha contra el fuego quedó, como siempre, en manos de comunarios y voluntarios. Si alguien evitó un desastre mayor fue la naturaleza: vientos y algunas lluvias desviaron lo peor. Aun así, dos días después los incendios quemaron varias casas y la mayoría de las plantaciones, dejando a los pobladores de Monte Verde en una situación crítica.

El desastre

Según datos del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS), Monte Verde fue uno de los territorios indígenas más afectados por los incendios de 2024: 807.243 hectáreas quemadas, el 85 % de su extensión total; más del 97 % de esa superficie era bosque.

Un reportaje de la Agencia de Noticias Fides (diciembre de 2024), titulado “Cicatrices de fuego: seis comunidades de la TCO Monte Verde enfrentan pérdidas y migración”, describe la tragedia actual. Familias enteras abandonaron la zona. En otros casos, los varones —incluso los más jóvenes— dejaron los chacos y emigraron a Concepción, Santa Cruz o Chile. Mujeres, niños y ancianos se quedaron realizando agricultura de subsistencia y reconstruyendo a tientas lo que el fuego destruyó.

Historias iguales o peores se repitieron en Ñembi Guasu, Urubichá, Tucabaca y cientos de comunidades del oriente durante el mayor ecocidio de la historia boliviana: la quema intencional de más de 12 millones de hectáreas coordinada entre autoridades del gobierno anterior, movimientos sociales y el empresariado agroindustrial, y respaldada por leyes aberrantes y una bancada parlamentaria que unía a todos los sectores políticos.

Aquel desastre inspiró discursos antiincendios, ecologistas y supuestamente “verdes” de los candidatos que hoy ocupan el poder. Sin embargo, tras un público pacto con la agroindustria, el presidente Rodrigo Paz nombró ministros a dos de los mayores representantes del agroempresariado: Oscar Justiniano y Fernando Romero, y les entregó precisamente las carteras de medio ambiente y desarrollo productivo. Peor aún, al ministro Justiniano se le señala por sus vínculos con Marcelo Arce Mosqueira, hijo del ex presidente Luis Arce Catacora. Y eso es solo la punta del iceberg: personajes ligados a la banca, la agroindustria y el anterior gobierno del MAS —el eje incendiario y ecocida— han reaparecido cerca del nuevo poder.

¿Se repetirá el drama de Monte Verde? ¿Volveremos los bolivianos a ser empujados al límite del suicidio colectivo por el abandono y la traición? ¿Qué características tendrá el cumplimiento de las promesas “verdes” del ministro Justiniano y del presidente Paz? ¿Existirá alguna vez la posibilidad de que comprendan que ni transgénicos ni ganadería extensiva traen prosperidad ni salud a los pueblos, sino todo lo contrario?

Que se lo pregunten a los que ayer fueron agricultores, después bomberos improvisados y hoy son emigrantes de Monte Verde y de tantas otras regiones destrozadas por este “modelo de desarrollo”.


Rafael Sagarnaga López es periodista

La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Enfoque News.

Sobre el autor

columna de opinión
trending_flat
Monte Verde: cuando niños y ancianos marcharon hacia el fuego

La temperatura, agravada por los incendios cada vez más cercanos, superaba los 35 grados centígrados. Aquel 23 de septiembre de 2024, las cenizas caían como una nevada fantasmal y empezaban a ser opacadas por humaredas negras y lluvias de hollín. Al ritmo de una tamborita, unas 300 personas marchaban por un camino de tierra anaranjada, rodeado de densa vegetación. Huérfanos de ayuda, los campesinos del Territorio Comunitario de Origen (TCO) Monte Verde habían decidido “ir a apagar los fuegos, aunque sea con nuestras propias manos”. Fue una de esas imágenes que no se borrarán jamás de mi memoria. Tres periodistas, algunos miembros de una ONG y voluntarios de organizaciones como AUR, Árbol y Alas Chiquitanas fuimos testigos de aquella marcha en lo profundo del monte. Era la protesta final, con tonos casi suicidas. Desde hacía tres días, tres líneas de […]

columna de opinión
trending_flat
Lucho, Tuto, Rodrigo y los pecados de la carne

Uno de los libros, al parecer, más prohibidos de la historia boliviana es el atribuido al célebre escritor e investigador Antonio Paredes Candia. Se asegura que se titula “Las mujeres, las amantes y las putas de los presidentes” y que diversas influencias y presiones se articularon para impedir la impresión de dicha obra. Quién sabe si algún día, a manera de documento desclasificado, saldrá a la luz y nos revelará o confirmará significativos datos sobre algunas extrañas decisiones gubernamentales. Paredes Candia falleció en diciembre de 2004. Se asegura que el texto abarca hasta las picardías palaciegas de 2002. Por ello, la mencionada obra, si se publicase en estos tiempos, hasta precisaría una edición aumentada. Al menos cuatro de los últimos seis presidentes han, si no callado elocuentemente, mal explicado los escándalos que protagonizaron. En todos los casos, no se trata […]

columna de opinión
trending_flat
Vicepresidencia, la pega golpista de la democracia boliviana

¿Habrá otro país en el mundo donde los vicepresidentes resulten tan peligrosos para la primera autoridad del país como en Bolivia? Basta recordar los últimos 80 años de historia para confirmar esta particularidad de la política nacional. De hecho, siete de los 14 vicepresidentes que tuvo el país en estas ocho décadas llegaron a ser presidentes, cinco de ellos cumpliendo la sucesión. A ello habría que sumar que, de los 14, diez se enemistaron con el primer mandatario y llegaron a niveles conspirativos, incluso altamente violentos. Extraño cargo el de los vicepresidentes bolivianos. A primera repasada, no se halla algo parecido ni en el entorno sudamericano ni más allá, salvo una muy pálida similitud en Perú y Ecuador. Lo cierto es que, desde Mamerto Urriolagoitia (1947-1949) hasta David Choquehuanca (2020-2025), parecieron más un incordio obligatorio que un colaborador estratégico para […]

columna de opinión
trending_flat
El encuentro entre los Kallahuayas y la IA

Una de las obras que revolucionó el comercio mundial e impulsó singulares cambios sociales y políticos fue el Canal de Panamá. Por entonces (finales del siglo XIX y principios del XX), se aceleraba el desarrollo tecnológico y, con él, los megaproyectos. Ferdinand de Lesseps, el primer impulsor de aquel canal (quien ya había construido el Canal de Suez), empezó a tropezar con un grave problema: las enfermedades tropicales diezmaban a cientos de trabajadores. Se contabilizaron alrededor de 27.000 muertos durante toda la construcción. Como es sabido, la solución la trajo un grupo de singulares bolivianos: los médicos naturistas de la región de Charazani, los médicos kallawayas. Los ejecutivos de aquella obra faraónica, al constatar el fracaso de la medicina oficial europea, apostaron por aquellos hoy célebres terapeutas. La historia oficial más difundida incide especialmente en la cura de la malaria, […]

columna de opinión
trending_flat
Los candidatos y su examen ante los dueños del agro

Al recordar la tragedia incendiaria que azotó Bolivia el año pasado, surge una preocupación inquietante: ninguno de los actuales candidatos a la presidencia asumió un papel protagónico frente al considerado mayor ecocidio en la historia del país. En detalle, ninguno se atrevió a señalar a los posibles responsables ni a exigir procesos, juicios o condenas por este desastre. Un silencio, por demás curioso, predominó ante la devastación de un territorio de dimensiones alarmantes: 12,6 millones de hectáreas, según la Fundación Tierra, un área que supera la extensión de países como Cuba, Bulgaria o Corea del Norte, entre otros cien territorios nacionales. Los candidatos se pronunciaron sobre temas como la economía, la crisis judicial o la política antidrogas, pero mientras miles de hectáreas ardían en cinco departamentos durante cinco meses, parecían desviar la mirada, silbando hacia un cielo ennegrecido. Sin embargo, […]

columna de opinión
trending_flat
Bolivia y su potencial para exportar vida sana

Expertos en diversas ramas relacionadas con la salud integral coinciden en cuatro factores clave para una vida orientada hacia una longevidad dinámica: ejercicio físico, descanso adecuado, capacidad para gestionar el estrés y alimentación saludable. Los primeros tres factores requieren la adaptación y organización del entorno en que vivimos, así como de nuestros hábitos personales. En este contexto, Bolivia cuenta con condiciones privilegiadas: aire puro, sol (esencial para la síntesis de vitamina D y el fortalecimiento del sistema inmunológico) y amplios espacios naturales. Estas ventajas se extienden incluso a las zonas altas, donde muchos han encontrado su pequeño oasis. Basta pensar en el entorno del lago Titicaca, el salar de Uyuni o el parque nacional Sajama, donde se organizan terapias naturistas tan singulares como reconstituyentes. Los valles y las zonas preamazónicas constituyen escenarios idílicos para liberar tensiones. No en vano, lugares […]

Relacionado

columna de opinión
trending_flat
Un burócrata llamado Andrés

El 6 de enero, Día de Reyes, los periodistas de Potosí fuimos sorprendidos con una convocatoria a conferencia de prensa por parte de la presidenta de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (Fcbcb), Alejandra Echazú Conitzer, y del viceministro de Culturas, Andrés Zaratti Chevarría. La sorpresa se debió a que la visita de estas autoridades a Potosí no había sido anunciada, por lo que no se preparó ninguna agenda. Y resultó aún más sorpresivo escuchar de sus propios labios que la Casa de Moneda ha sido afectada por las lluvias y ahora presenta goteras, un hecho que, en la anterior administración, habría sido poco difundido, por no decir ocultado. Debido al interés que tengo en los temas culturales, logré conversar con ambos, tanto en privado como en el marco de mi labor de seguimiento periodístico. Así confirmé que […]

trending_flat
¡Ay de esta “casta insensible y satisfecha”!

De confirmarse la investigación periodística recientemente hecha pública, estaríamos ante un mayúsculo escándalo. Los dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB), que se jactan de representar a los trabajadores, gozarían de sueldos estratosféricamente superiores a los del presidente, ministros, senadores, diputados, médicos, maestros y profesionales calificados («Salarios de mineros de Huanuni y Colquiri oscilan entre Bs30.000 y Bs50.000», El Deber, 28.12.2025). Una planilla de 465 trabajadores —con nombres, apellidos, carnet de identidad y la minera que les paga— da cuenta de ingresos mensuales entre Bs 30.000 y Bs 88.000. ¿Lo puede creer? Si no lo cree, ¡bienvenido a Bolivia! Tal desproporción con las prebendas de los dirigentes de la COB evidenciaría una impostura sindical adicional —a las muchas que hay—, imposible de ocultar, y sería una muestra más de lo que, con dolor, expresó el primer mandatario a pocos días […]

trending_flat
Cuando el Estado te hace perder el tiempo

En América Latina, hacer un trámite sigue siendo una prueba de paciencia, resistencia y, en muchos casos, suerte. Obtener un certificado de nacimiento, registrar una propiedad o pagar una multa debería ser un proceso simple, casi invisible. Sin embargo, para millones de ciudadanos, estas gestiones se convierten en un laberinto de filas interminables, requisitos redundantes y oficinas que no se comunican entre sí. El resultado es un Estado que, en lugar de facilitar la vida, la complica. Pero hoy, en pleno 2026, cuando la inteligencia artificial, la identidad digital, la interoperabilidad y los pagos electrónicos ya no son promesas futuristas, sino herramientas disponibles, la pregunta es inevitable: ¿por qué seguimos atrapados en esta burocracia? Los datos son contundentes. En promedio, un trámite en la región toma más de cinco horas. En países como Bolivia, puede superar las once. Y no […]

trending_flat
Los caballeros del envilecimiento

Son cuatro. Vinculados al poder. Comparten ahora la cárcel de San Pedro. Son la expresión, en grado superlativo, de la degradación de los valores humanos y de los principios básicos con los que se organizan las sociedades. Trastocaron todo en sus vidas y, de paso, arrastraron a los suyos en el envilecimiento. Luis Arce, Juan Carlos Huarachi, Franklin Flores y Rubén Ríos tienen algo en común, además de su condición de encarcelados preventivos en el penal de La Paz: presentan una irrefrenable codicia por lo material. Hicieron de sus familiares —hijos, esposas, suegros y demás— y de sus entornos —autoridades, funcionarios, conmilitones y demás— cómplices del robo de recursos que pertenecen a todos para lograr un enriquecimiento meteórico, pero ilegal. Por lo conocido hasta ahora, a partir de los procesos judiciales en torno a escandalosos casos de corrupción, Arce, Flores […]

trending_flat
De 2025 a 2026

El año 2025 ya es historia. Era el año del bicentenario y, en la expectativa popular, debían ser 12 meses de festejos y entrega de obras de impacto nacional; pero, en lugar de eso, tuvimos unas semanas de euforia que tuvieron mayor trascendencia en Sucre, la capital del Estado y escenario del nacimiento de Bolivia. El festejo por el bicentenario debió ser nacional, pero no lo fue. El gobierno de Luis Arce fue incapaz de, por lo menos, reproducir el gran desfile nacional que se realizó con motivo del centenario, pues la agenda de festejos fue un relleno de acontecimientos mayoritariamente intranscendentes. Si no hubiera sido por el esfuerzo de los chuquisaqueños, el bicentenario habría sido todavía más apagado. Además, quienes lo salvaron fueron los investigadores que tomaron el año como un hito en el que presentaron resultados de investigaciones, […]

trending_flat
El mayor milagro que Bolivia necesita no es económico

Bolivia termina el 2025 exhausta, golpeada por una crisis económica, energética, política y social; sumida en estanflación; con un déficit fiscal por 11 gestiones consecutivas y un desbalance del comercio exterior por tres años; una caída del Producto Interno Bruto del 2,4 % al primer semestre y una inflación cercana al 20 %, algo no visto en 40 años; la pérdida de empleos dignos en el sector formal, la pobreza en alza y una informalidad creciente. Todo esto forma parte de la cruda realidad que las cifras oficiales demuestran. Es lamentable decirlo, pero buena parte de esta debacle fue autoinfligida por las políticas públicas deficientes, los insufribles bloqueos de carreteras, los paros recurrentes, los violentos avasallamientos, la escasez de combustibles y dólares, las trabas a la exportación, la burocracia asfixiante y la incertidumbre política que frenaron el desarrollo. En este […]

Sé el primero en dejar un comentario

Deja un comentario

Periodismo con perspectiva, información con responsabilidad

“Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.” Proverbios 3:5-6

Registro

Ingrese sus datos

Ir Premium!

Enjoy the full advantage of the premium access.

El siguiente plugin se activó correctamente

Unfollow Cancelar

Cancelar

Are you sure you want to cancel your subscription? You will lose your Premium access and stored playlists.

Volver Confirme la información