

En Myanmar, los equipos de rescate lograron salvar con vida a dos hombres atrapados bajo los escombros de un hotel en la capital, Naipyidó, cinco días después de un devastador terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el país el pasado viernes. Sin embargo, la mayoría de los esfuerzos solo han hallado cuerpos, mientras el número de muertos asciende a 2.886 y los heridos alcanzan los 4.639, según la televisión estatal MRTV. Informes locales advierten que las cifras reales podrían ser mucho mayores.
El sismo, que colapsó miles de edificios, puentes y carreteras, golpeó en medio de una guerra civil que agrava una crisis humanitaria preexistente. Antes del desastre, la ONU estimaba que tres millones de personas estaban desplazadas y casi 20 millones necesitaban asistencia. Ahora, los continuos ataques del ejército contra fuerzas de resistencia amenazan con complicar aún más las labores de ayuda.
En Naipyidó, un equipo turco-local rescató a Naing Lin Tun, de 26 años, tras 108 horas bajo los restos del hotel donde trabajaba. Débil pero consciente, fue trasladado en camilla con un goteo intravenoso. Horas después, otro joven fue liberado del mismo edificio tras 121 horas atrapado. En Sagaing, cerca del epicentro en Mandalay, un tercer sobreviviente fue extraído de una casa derrumbada por rescatistas malasios y locales.
Mientras tanto, el conflicto armado no da tregua. Aunque dos grupos de resistencia, incluida la Alianza de los Tres Hermanos, declararon ceses al fuego para facilitar la ayuda, el ejército, que derrocó al gobierno democrático en 2021, sigue rechazando pausas y mantiene sus ofensivas. “Priorizan el régimen sobre el pueblo, incluso en esta tragedia”, criticó Richard Horsey, del Crisis Group.
El terremoto también afectó a Tailandia, donde un edificio en construcción colapsó en Bangkok, dejando 22 muertos y 35 heridos. En Myanmar, la esperanza de encontrar más sobrevivientes se desvanece, y la comunidad internacional observa si una pausa humanitaria podría derivar en una desescalada del conflicto, aunque expertos como Morgan Michaels dudan de su viabilidad sin una diplomacia sólida. Por ahora, el general Min Aung Hlaing insiste en que las operaciones militares continuarán.
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